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Controlar las obsesiones no es tarea fácil. Pero sí existe forma de hacerlo. Los complejos obsesivos son muy comunes en la mayoría de nosotros. O, más bien, todos tenemos alguna especie de complejo que se manifiesta en poca o gran medida.

Algunos somos conscientes de nuestras obsesiones y otros no. Pero, para acercarte un poco al conocimiento de tus obsesiones particulares, cabe hacerte algunas preguntas:

¿Sientes irritación cuando las cosas no salen según lo planeado?

¿Piensas con regularidad en cosas que podrían sucederte o en algo que te sucedió?

Repites ciertas actividades muchas veces, sin que eso tenga un propósito específico?

Las personas que padecen obsesiones suelen responder positivo a estas preguntas. Los pensamientos obsesivos son algo muy frecuente en los seres humanos, por tanto, es normal que puedas decir “sí” a estas preguntas.

Las obsesiones se explican como preocupaciones constantes y estables. Consisten en la repetición de impulsos, de imágenes o pensamientos de manera reiterada. El punto que hace particular la conducta obsesiva es que se torna incontrolable. Esto causa a muchos pacientes vergüenza e incomodidad ante otros.

Algunas personas con obsesiones intensas pueden intentar desechar sus hábitos de un momento, fracasando en el intento. Esto lleva a la frustración y la angustia.

Particularidades y el modo de controlar las obsesiones

Dependiendo de la persona, la obsesión puede variar. Algunas de estas obsesiones son preocupaciones que persisten sin importar el momento del día. Estas pueden estar basadas en el riesgo de enfermedad o de descuidar cosas importantes. Algunos obsesivos tienen un miedo profundo de producir daños con lo que manipulan y otros que van más allá de eso. Es decir, temen que el olvido de apagar un electrodoméstico pueda causar un daño irreparable; o tienen miedo de provocar un accidente de incendio, entre otros. Otras personas con este complejo, sienten temor de hacer daño a otros, de dejar caer algo sobre alguien o, inclusive, apuñalar a un familiar por error.

Controlar las obsesiones depende de:

  1. Convencerse de que es posible salir de esa condición

La fuerza de voluntad y la motivación del propio individuo es fundamental para contrarrestar el problema.

  1. Comprender la irracionalidad de esos pensamientos

Solo llegando a la consciencia de que la inclinación a repetir de modo absurdo una actividad o una concepción es irracional, contribuirá a mejorar la condición.

  1. Considerar que repetir un proceso no es la manera de calmar la angustia

Cuando el individuo se hace consciente de que dicha repetición al contrario de mejorar la condición, la empeora, puede empezar a trabajar en la disminución de la ritualización y así controlar la ansiedad.

  1. Aceptar que padecemos esta condición y no negar esa realidad

Este paso hace parte importante del proceso de control de las obsesiones. Cuando se acepta la condición, no se está en pugna contra uno mismo, sino que buscamos ayuda y canalizamos esa energía hacia el mejoramiento.

  1. Cambiar un aspecto del ritual

Bien sea la frecuencia con que repites esa acción que determina tu obsesión; ya sea el orden por medio del cual drenas tu hábito; Quizá sea el momento en que lo haces o la cosa que usas como objeto de tu compulsión. Cambia algo de lugar; es decir, no te permitas ceder al deseo desaforado de llevar a cabo el ritual específico del mismo modo.

Este cambio producirá una alteración en el modo en que tu memoria corporal percibe dicho proceso. Así, irás desmejorando tu hábito y el choque cognitivo entre el ritual común y este, generará un avance en la racionalización.