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Hoy vamos a centrarnos en el último libro escrito por el periodista y escritor británico-suizo Johann Hari, que ha trabajado para Los Angeles Times, The New York Times, The Guardian, The New Republic, The Nation, Le Monde…

Durante nueve años fue columnista en The Independent y nombrado en dos ocasiones Periodista del año por Amnistía Internacional del Reino Unido. También fue acusado de mala praxis periodística y después de realizar un considerable paréntesis volvió con “Tras el grito”, que lo reconcilió definitivamente con sus compañeros de su profesión.

En el libro que nos interesa, “Conexiones perdidas”, nos dará su enfoque más objetivo de la depresión, ya que consumió, y durante trece años, antidepresivos.

¿De qué manera los “valores basura” del neoliberalismo producen ansiedad y depresión en Estados Unidos?

Estados Unidos es uno de los países del mundo con mayores índices de depresión. Nos preguntamos si podría ser a causa de la política económica neoliberal añadida en la nación.

En este libro, Hari dice: “La comida basura ha irrumpido nuestra alimentación y está haciendo enfermar a millones de personas. Está evidenciado científicamente que ocurre algo parecido con nuestras mentes, ya que han caído bajo la dominación de valores basura que nos deriva a enfermedades del cerebro, por eso tenemos índices desproporcionados de ansiedad y depresión”.

De esta manera y a lo largo de sus viajes, Hari descubrió que estos trastornos son causados, en gran parte, por la forma en que vivimos.

Este largo viaje lo llevó desde una serie de experimentos alucinantes en Baltimore, a personas que viven en los túneles de Las Vegas, a una comunidad Amish en Indiana… Todas estas vivencias le mostraron con duros y dramáticos detalles diferentes vistas.

Una vez que investigó sobre nueve causas reales de depresión y ansiedad, las derivó hacia los científicos que están descubriendo siete soluciones fundamentalmente diferentes a las que nos han ofrecido hasta ahora y que marchan.

Enfermedades mentales en EE.UU.

Según los Institutos Nacionales de la Salud, las enfermedades mentales son muy habituales: casi un 20% de los adultos estadounidenses padece una enfermedad mental cada año.

La ansiedad es la enfermedad mental más común, afectando cada año a 40 millones de adultos en Estados Unidos, el 18 por ciento de la población del país. Cerca del 7 por ciento de los adultos norteamericanos sufren depresión muy grave.

Según la Organización Mundial de la Salud, EE.UU. es uno de los países con más altos niveles de depresión en el mundo, por lo que la depresión es la principal causa de problemas de discapacidad y salud.

La depresión es también la causa principal en los suicidios en todo el mundo, aproximadamente unos 800.000 por año. La Alianza Nacional Sobre Enfermedades Mentales señala que más de la mitad de los estadounidenses no reciben tratamiento ante de las enfermedades mentales mencionadas.

Causas reales y soluciones inesperadas para la depresión

En el artículo de hoy vamos a hablar de este nuevo libro que se basa en que las personas que reciben tratamiento para la ansiedad y la depresión, no están siendo tratadas de forma adecuada.

Su autor, Johann Hari, defiende que los tratamientos se enfocan generalmente en la química cerebral, pero excluyendo las causas medioambientales, que son más importantes.

Hari confirma que existen pruebas consistentes de que tenemos necesidades psicológicas naturales, de que debemos sentir que la vida significa algo, que la gente te reconozca y de saber que perteneces a algo.

En la sociedad actual, cada vez somos menos calificados para satisfacer las necesidades de la mente y este es uno de los motivos del enorme estallido de la ansiedad y depresión mundial.

He observado que muchas de las personas que se sienten ansiosas o depresivas, centran su angustia alrededor de su entorno laboral. Revisando estadísticas, a un 13% de nosotros nos gusta nuestro trabajo, y a un 63% no nos gusta lo que realizamos pero no lo odiamos.

Y nos queda la parte final, los que a un 87% de personas no les gusta lo que hacen en su trabajo diario. Hari empezó a cuestionarse si todo esto podría tener relación con nuestra salud mental, muy precaria en los últimos tiempos.

Conoció a Michael Marmot, un fabuloso científico y profesor australiano, quien descubrió en la década de los años 70 el motivo por lo que nos deprimimos en el trabajo.

Los seres humanos necesitamos sentir que nuestra vida es importante, reveladora. Si somos controlados en el trabajo nos limitan a crear, a responder de forma espontánea. Por esto Marmot empezó a pensar en la cuestión química. Afirma que las drogas para la depresión tienen un papel sólido y real, pero se preguntaba cuál sería el antidepresivo ideal para este problema tan común en el trabajo.

Confirmó que hay diferentes técnicas para no caer en depresión en el trabajo, por ejemplo, montar cooperativas donde todos los compañeros tomen juntos las decisiones importantes, donde no tienen jefe y comparten las ganancias y tareas, para que nadie tenga que hacerse responsable de la faena que más disgusta a todos.

Este modo de gestionar se puede aplicar en cualquier lugar de trabajo. Vivimos en una sociedad donde se pone en marcha todas las estructuras originarias de la ansiedad y la depresión. Hay evidencias científicas que verifican los motivos de la depresión y dos de ellas son biológicas, el resto dependen únicamente de nuestra forma de vida.

Si te sientes ansioso o deprimido no estás loco. Eres un ser humano con necesidades no cumplidas. No eres una máquina con trozos rotos. Y deberíamos intentar cambiar esta sociedad para que deje de sufrir.

Hari conoció también a un profesor y psiquiatra sudafricano, Derek Summerfield, que le argumentó una experiencia suya vivida en Camboya. Allí introdujeron por primera vez los antidepresivos químicos, los doctores de ese país no sabían lo que eran.

Ellos utilizan “antidepresivos” de forma diferente, ¿de qué forma?, se sentaban con la persona depresiva y escuchan sus problemas, sus temores, dándose cuenta de que su dolor tenía sentido, lógica. Con simples soluciones se comprueba que mejoran, que dejan de sentirse deprimidos.

Lo que esos médicos camboyanos sabían de forma intuitiva es lo que la OMS ha estado tratando de decirnos durante muchos años: la depresión tiene sentido. Esta idea, lejos de marcar a las personas deprimidas, cree que les quita un estigma.

Queda confirmado que muchos experimentos han demostrado que podemos cambiar las cosas de manera importante.

Conclusiones

En el libro Hari expone claramente la opción de ampliar un abanico de posibilidades para personas que sufren ansiedad y depresión, desvelando las verdaderas causas de la depresión y sus inesperadas soluciones.

Los antidepresivos químicos alivian a algunas personas, y eso es realmente valioso. Pero no resuelven el problema. Esta no es solo la postura de Hari, pero esta es la posición de la Organización Mundial de la Salud.

La OMS verifica que la salud mental se construye a nivel social, y necesita soluciones tanto individuales como sociales.

Vivimos en la sociedad más solitaria y anárquica que jamás ha existido. John Cacioppo, profesor de la Universidad de Chicago, lo ha demostrado. Tenemos que optar hacia soluciones más amplias.

“Conexiones perdidas” habla de las nueve causas de depresión y la ansiedad, de las que hay evidencia científica, y de siete tipos diferentes de antidepresivos que deberíamos utilizar, además de los antidepresivos químicos.

Y hay soluciones por las que deberíamos luchar juntos. Hari cree que eso ayuda mucho más a quitar el estigma y a empoderar a la gente, sin abochornar a nadie diciendo que su único argumento es que los medicamentos son malos. Y por supuesto no lo son.

Hari, se graduó en el King’s College en Cambridge en 2001 con un doble grado en ciencias sociales y políticas. En el año 2000 fue ganador conjunto del premio The Times Student News Journalist of the Year por su trabajo en el periódico estudiantil de Cambridge Varsity. Después de la universidad se unió a New Statesman (2001-2003) y escribió dos columnas semanales para The Independent.

En 2003 ganó el premio al Joven Periodista del Año en los Press Gazette Awards.

En Ipsia Psicología, contamos con profesionales expertos en ansiedad y depresión.