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Psicología infantil : Tratamiento de enuresis y encopresis en Madrid

Los trastornos de eliminación de orina y heces, enuresis y encopresis, son muy característicos de la infancia. Pueden tener causa orgánica o psicológica y, en los dos casos, tienen tratamiento.

La terapia psicológica para la enuresis y encopresis comprende la enseñanza para lograr controlar los esfínteres, psicoterapia y diversas recomendaciones para los padres de su hijo afectado, poder afrontar la situación, encontrando soluciones.

Las manifestaciones orgánicas están relacionadas con patologías genitourinarias: estructural, infecciosa y neurológica, así como uropatía obstructiva, espina bífida y cistitis.

Otro tipo de trastornos orgánicos que se pueden practicar con enuresis y encopresis son: diabetes insípida, diabetes mellitus, trastornos de conciencia y del sueño y sonambulismo.

Escapes involuntarios

La enuresis es el escape involuntario de la orina durante el transcurso de la noche; la incapacidad de poder retenerla durante el día se denomina incontinencia diurna.

Consiste en la aparición de una emisión repetida de la orina en la cama o en la ropa, una vez superados los cuatro años de edad, tiempo en el que el niño debería haber adquirido la continencia urinaria.

Para hablar de enuresis también tenemos que hablar de frecuencia: este tipo de incontinencia tiene que ser de dos episodios semanales al menos durante tres meses consecutivos.

Hay dos ejemplos de enuresis: la primaria y la secundaria. La diferencia primordial entre ambas es que, en la enuresis primaria, el niño nunca ha llegado a conseguir el control de la orina, mientras que en el la secundaria sí que lo han conseguido, aunque durante un periodo corto de tiempo, unos pocos meses como mucho.

La encopresis, es la evacuación repetida de heces en cualquier lugar inadecuado que no sea el retrete, como en el suelo o la ropa. Y se produce por lo menos una vez a la semana durante tres meses seguidos. La edad a partir de la cual puede considerarse encopresis, son los cuatro años.

Niños afectados

Casi en un 70% de los casos, la enuresis no está diagnosticada. Por regla general, la enuresis es el trastorno de la eliminación más común, y está más investigado. Este trastorno ocurre por igual en menores de ambos sexos, sin embargo, la encopresis es más frecuente en niños.

La enuresis nocturna afecta al 15% de los niños de cinco años.

A un 3% de los niños de cuatro años se les escapan las heces una vez por semana y, a los siete años, la encopresis tiene una prevalencia del 2,3% en los niños y del 0,7% en las niñas.

Se sabe que un tercio de los niños con encopresis sufre también enuresis nocturna, un 20% enuresis diurna y un 10% de las niñas padecen infecciones urinarias recurrentes.

La mayoría de los niños aprenden a controlar los esfínteres entre las edades de 2 y 4 años, y después, es normal que se presenten episodios de incontinencia en la etapa de entrenamiento.

Deben ser los padres los que, poco a poco, vayan introduciendo al niño en la independencia de hacer sus necesidades de forma autónoma. Con el transcurso del tiempo, el niño se siente cada vez más seguro para adquirir el hábito hasta que se convierte en un acto aprendido.

¿Se relacionan la enuresis y encopresis infantil?

Científicamente, no existen pruebas que demuestren que están relacionados y no tienen por qué presentarse conjuntamente.

Hay que averiguar cuáles pueden ser las causas de la presencia de estos trastornos en los pequeños, siendo más frecuente en un niño de cada dos niñas.

En ambos tipos de incontinencia, se pueden diferenciar dos tipos según las causas. Existe la enuresis primaria y la secundaria. La enuresis primaria ocurre en niños que todavía no han tenido un episodio de continencia, y la secundaria aparece cuando ya ha existido un periodo de continencia de aproximadamente 1 año.

De la misma forma, podemos diferenciar entre encopresis primaria y secundaria. Primaria, si no ha habido continencia a partir de los 4 años en el periodo de un año, y encopresis secundaria, cuando persiste la incontinencia fecal habiendo antecedido un período de continencia.

Causas que los provocan

En el caso de la enuresis, las causas que la originan pueden ser factores hereditarios, o sea, que alguno de los miembros de su familia también haya pasado por la misma situación, o bien, por factores emocionales, donde puede ser que el niño esté pasando por un estrés emocional derivado de un cambio o situación nueva, como el divorcio de los padres, un cambio de colegio o la llegada de un nuevo hermano.

En el caso de la encopresis, la causa mayor es haber obligado al pequeño a contener sus heces cuando no estaba preparado para ello, por miedos particulares del niño, por problemas emocionales, por dolor al evacuar, o puede que sea por falta de intimidad y esto provoque que se reprima.

Factores orgánicos y psicológicos

El trastorno enurético puede tener origen orgánico por afecciones urológicas, irritaciones o cistitis, pero también a que la capacidad funcional de la vejiga esté disminuida, lo que implica que los niños enuréticos necesiten ir más con más asiduidad al baño.

También puede tener su origen en trastornos neuromusculares que afectan al sistema genitourinario, en la médula espinal o en los centros del cerebro.

Cuando un niño de más de cuatro años orina durante la noche y fuera del retrete, es importante acudir al pediatra para que descarte cualquiera de las causas orgánicas mencionadas. Una vez descartadas, si se determina que la enuresis tiene un origen psicológico, se hace necesario acudir a un profesional de la psicología.

Las causas psicológicas que están detrás de la enuresis pueden ser diversas: falta de aprendizaje del niño porque no se le ha enseñado de forma correcta, insensibilización de la piel a la humedad, favorecida o provocada por usar pañales hasta edades avanzadas, etc.

También puede haber un interés del niño por conseguir una reacción de sus padres, para obtener algo, que por regla general es su atención. O problemas emocionales, como cambio de casa, de colegio, la separación de los padres o el nacimiento de un hermano pequeño; en conclusión, cualquier factor que altere el entorno del niño.

Y detrás de las causas de la encopresis puede estar el estreñimiento: los niños retienen tanto las heces que la presión del colon vence al esfínter y se producen evacuaciones no deseadas.

Tratamiento de enuresis y encopresis

Los niños ocultan que tienen problemas de continencia por miedo o vergüenza la reacción de sus padres.

Para que los pequeños puedan superarlo, lo primero es no mostrarse enfadado con la situación y hacerles conscientes del problema. El hecho de que el niño sepa por lo que está pasando ayudará a que el tratamiento sea más eficaz.

Con la enuresis, se deberá reducir unas horas antes de ir a dormir la ingesta de líquidos, pero no evitarla, dado que la finalidad es que contenga la vejiga. Si también hubiese pérdidas por el día, se puede usar un horario miccional donde se establezca que se orine al menos 6 veces.

Se puede elaborar un calendario miccional, donde aparezca las noches secas y las húmedas. Una visión progresiva puede ser un factor motivador en el tratamiento, y en el caso de que intervenga un terapeuta, que vea el avance.

Si todos estos remedios no funcionasen, hay alternativas como la alarma de enuresis, un detector de humedad que se conecta al niño y a un dispositivo que emite un sonido cuando se activa, convirtiéndose en un estímulo para reaccionar.

En casos muy difíciles donde la incontinencia es excesiva, se utilizan fármacos como la desmopresina y la oxibutinina que ayudan al aumento de la capacidad vesical.

En cualquiera de los casos, los padres han de tomar una postura positiva con el niño para no ocasionarle emociones negativas que perjudiquen su situación.

Tener una postura caótica o darle demasiada importancia a la situación, hará que el niño entre en tensión y no avance en su recuperación.

Conclusiones

Los padres no acuden a la consulta médica por sentir vergüenza de que sus hijos tengan pérdidas de orina. Esto es un gran error que debemos corregir.

Para establecer un diagnóstico concreto, un pediatra debe determinarlo, realizar un estudio y descartar que estas etapas de pérdida se deban a problemas somáticos o fisiológicos.

Una vez descartadas estas suposiciones, se puede afirmar que el pequeño, dependiendo de qué tipo de incontinencia se trate, pueda presentar alguno de estos trastornos.

Un tratamiento terapéutico va a ser siempre la mejor ayuda tanto para los padres como para el niño, estableciendo diálogo desde el respeto y la empatía, porque cada persona se desarrolla a un ritmo específico. Con tiempo, los pequeños pasarán esta fase.

La ayuda psicológica es de vital importancia en estos casos. En Ipsia Psicología contamos con expertos en Psicología infantil, así como de psicólogo online, que te ayudarán en lo que necesites.