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El sueño. ¿Qué es?

El sueño es un estado fisiológico primordial para la calidad de nuestra vida afecta de forma directa a la salud de una persona.

Autorregula las funciones del sistema nervioso central y de los demás tejidos, restaura los centros de reserva de energía celular y almacena los datos en la memoria.

El insomnio caracteriza por el impedimento para conciliar o mantener el sueño, tener un despertar precoz y un sueño no reparador.

La cantidad de sueño necesario varía según la persona y está genéticamente determinado.

En Ipsia Psicología contamos con expertos que te ayudarán con el problema, con diversos tratamientos, entre ellos, la hipnosis.

Causas del insomnio

Casi la mitad de la población ha sufrido en algún momento de su vida etapas de insomnio. Debemos conocer qué nos impide dormir, siendo una de las claves para poder tratar este trastorno.

Algunas de las causas de insomnio más frecuentes son:

  • Mala higiene del sueño y hábitos poco saludables

El abuso de sustancias excitantes como el café, té, refrescos con cola y algunos fármacos, contribuyen a la aparición de insomnio. El alcohol puede facilitar el inicio del sueño, pero posteriormente lo deteriora.

La falta de horarios regulares para acostarse o levantarse y frecuentes cambios en la rutina, pueden alterar el ciclo normal de sueño.

  • Insomnio psicofisiológico

Las personas tienden a asociar el dormitorio y los ritos preliminares al acostarse, ponerse el pijama o lavarse los dientes, con el sueño.

El insomnio psicofisiológico consiste en una reacción inversa, en la que se desarrolla una progresiva asociación de la habitación y la cama con el desvelo. Este trastorno es con frecuencia situacional, relacionado con un evento estresante concreto.

  • Alteraciones psiquiátricas

Gran parte de los pacientes con insomnio crónico presentan alguna alteración psicopatológica como ansiedad o depresión, y en otros casos psicosis y dependencia de alcohol o drogas.

La depresión origina el acortamiento del tiempo total de sueño por despertar precoz asociado a la incapacidad del individuo para reanudar el sueño interrumpido; y la ansiedad ocasiona dificultades para mantener el sueño.

  • Alteraciones cronobiológicas

Estas alteraciones provocan que la persona no pueda dormir cuando quiere, dando lugar a la aparición de fases de sueño o desvelos a horas inapropiadas, con la queja consiguiente de insomnio o somnolencia diurna.

Tipos de insomnio

  • Extrínseco: originado por factores externos, como alteraciones en la higiene del sueño, abuso de algunas sustancias como cafeína o alcohol, y situaciones de estrés.
  • Intrínseco: originado por factores internos, como insomnio psicofisiológico, primario, apneas obstructivas del sueño, síndrome de las piernas inquietas y alteraciones cronobiológicas.

Según su origen

  • Orgánico: relacionado con una enfermedad orgánica.
  • No orgánico: relacionado con trastornos mentales.
  • Primario: no relacionado con otras enfermedades.

Según la duración

  • Transitorio: varios días. Se puede deber a una modificación de las condiciones ambientales del sueño, estrés situacional, enfermedad médica aguda, cambio de turno de trabajo, abuso de cafeína, alcohol, nicotina, drogas.
  • De corta duración: menos de tres semanas. Se puede dar en situaciones de estrés o de transformación situaciones de vida como una hospitalización, trastorno emocional, dolor, vivir en altitud, matrimonio, divorcio, cambio de residencia, duelo,…
  • Crónico: propiciado por enfermedades físicas o psiquiátricas crónicas.

Síntomas del insomnio

En la mayoría de los casos el insomnio es el síntoma de algún otro padecimiento, bien transitorio, como una etapa de estrés aguda, o bien permanente dando lugar a una afectación crónica.

Los síntomas relacionados con la calidad y la cantidad del sueño los va a exponer el propio individuo, a veces aportando información que ayuda en la base del problema, o la corta duración de este debida a los despertares prematuros.

En fases más tempranas, los pacientes más jóvenes manifiestan un rendimiento escolar inferior, con déficit de atención y concentración, y poca energía para la actividad que les corresponde en esa etapa de la vida.

En edades posteriores, estas mismas alteraciones son claras en el trabajo, con unas consecuencias mucho mayores si imaginamos actividades con maquinaria peligrosa, trabajos de alta responsabilidad, o conducción de vehículos.

Y en los ancianos, el descanso nocturno que no satisface sus necesidades provoca alteraciones en su memoria, equilibrio, y de alguna manera, en su calidad de vida.

El carácter de estos pacientes se ve trastornado con cambios de humor, irritabilidad, alteraciones de la memoria, cefaleas, que pueden condicionar su vida social.

La persona afectada por insomnio manifiesta una sensación subjetiva desagradable, malestar y por la repercusión en sus actividades cotidianas.

Diagnóstico del insomnio

Consiste en un estudio meticuloso de la rutina y síntomas de la persona, donde la información es suministrada por el propio paciente (anamnesis), por la pareja o algún familiar (heteroanamnesis).

Las características concretas del insomnio son:

  • Duración: transitorio (menos de siete días); de corta duración (una a tres semanas) o crónico (más de tres semanas).
  • Gravedad: según la repercusión o consecuencias en el estado de insomnio.
  • Naturaleza: desvelo de conciliación, insomnio de mantenimiento, insomnio de despertar prematuro, e insomnio global.
  • Características del ciclo sueño-insomnio: hora de acostarse y levantarse, tiempo usado en conciliar el sueño, periodos de sueño diurnos, consumo de cafeína, alcohol, fármacos y drogas.

También se realizan exploraciones físicas y psicológicas completa y pruebas complementarias tales como el estudio polisomnográfico, el test de latencia del sueño múltiple y la actigrafía.

La polisomnografía es el registro a lo largo de la noche de la actividad eléctrica cerebral del individuo, sus movimientos oculares, el flujo respiratorio, el tono muscular, la frecuencia cardiaca, etcétera.

El test de latencia del sueño múltiple se utiliza para medir el exceso de sueño o hipersomnia, pidiendo al paciente que duerma cinco siestas, separadas por dos horas, durante el día.

Cuando el paciente es capaz de conciliar el sueño antes de cinco minutos, y el sueño REM se presenta antes de tres minutos, se considera probada la hipersomnia.

La actinografía se usa para diagnosticar el insomnio crónico y las alteraciones del ciclo sueño-desvelo. Consiste en averiguar la actividad circadiana del paciente, colocando en su muñeca un dispositivo denominado velocímetro, que registra los movimientos del brazo durante 2-14 días seguidos; los datos que se obtienen se procesan y de esta manera se determina así la cantidad de sueño.

Tratamiento no farmacológico del insomnio

El tratamiento del insomnio debe tener en cuenta las circunstancias del mismo, así como su duración y severidad. La esencia del tratamiento del insomnio se encuentra en resolver la causa de su origen y no solo los síntomas. De esta forma, el tratamiento puede ser farmacológico o no farmacológico.

Tratamiento no farmacológico

El tratamiento no farmacológico del insomnio requiere modificaciones conductuales y de los hábitos de vida de la persona afectada.

En diversas ocasiones se apoya de forma temporal en los fármacos, al mismo tiempo que se enseña a poner en práctica el tratamiento conductual escogido.

Entre los tratamientos no farmacológicos nos encontramos:

Hábitos de buena higiene del sueño

  • Establecer horarios fijos para acostarse y levantarse.
  • Permanecer en la cama únicamente durante el tiempo necesario de sueño (7,5 u 8 horas diariamente).
  • No consumir sustancias estimuladoras del sistema nervioso.
  • Intentar no dormir durante el día.
  • Realizar ejercicio físico durante el día.
  • No realizar actividades excitantes en las últimas horas del día.
  • Tomar baños de agua a temperatura corporal por su efecto relajante.
  • Comer en horarios regulares y no comer en exceso cerca de la hora de acostarse.
  • Mantener unas condiciones adecuadas de temperatura, sonidos, iluminación y comodidad en el dormitorio.

Tratamiento farmacológico del insomnio

El tratamiento farmacológico del insomnio tiene que estar orientado a corregir la causa fundamental, como los fármacos contra la ansiedad, antidepresivos o analgésicos, del mismo.

Las pautas básicas a seguir en el tratamiento de los diferentes tipos de insomnio son:

Los hipnóticos no benzodiacepínicos son utilizados para insomnios de conciliación del sueño (zolpiden, zopiclona, zaleplón); son fármacos no muy fuertes, se toleran bien, y que ocasionan pocos efectos secundarios.

Las benzodiacepinas se escogen de acuerdo al tipo de insomnio y a la vida media del fármaco: se utilizan BZD de rápida eliminación en casos de insomnio transitorio; y de acción corta, en los de insomnio de corta duración.

En casos de insomnio de larga duración o crónico se utiliza BZD + terapia cognitivo-conductual y se añaden antidepresivos con efecto sedante (trazodona, amitriptilina, mirtazapina, mianserina, maprotilina).

Algunos trastornos respiratorios, como el síndrome de apnea del sueño, pueden verse perjudicados por estos medicamentos por su acción depresora sobre el centro respiratorio.

Y en el uso continuado con estos fármacos pueden notarse síntomas de dependencia.

  • Los neurolépticos con efecto sedante son usados en casos de insomnio resistente (levomepromacina, haloperidol, quetiapina, clozapina y clotiapina).
  • Fármacos que se detallan como antihistamínicos son usados como hipnóticos, como la difenhidramina y la doxilamina.
  • La melatonina de liberación prolongada tienen uso en mayores de 55 años mejorando la calidad del sueño, sobre todo si existe una alteración del ritmo circadiano como origen subyacente.
  • En los últimos años, sobre todo en ancianos, se utilizan con éxito fármacos como la mirtazapina y trazadora, ambos con efecto antidepresivo.

Prevenir el insomnio

El insomnio es un problema vital en nuestra calidad de vida. Está en aumento como consecuencia del frenético nivel de vida que tenemos en la actualidad, la ansiedad, las prisas, el estrés.

Todos somos propensos a tener una fase de insomnio, y no siempre es fácil prevenirlo, en cambio, diversas conductas pueden ser favorecedoras del sueño, por lo que conviene tenerlas muy en cuenta:

  • Solo se debe permanecer en la cama el tiempo necesario.
  • Es aconsejable ir a la cama cuando se tenga sueño, evitando hacerlo cuando se tiene hambre o sed.
  • El lugar de descanso debe ser cómodo y apropiado, con un colchón firme y una buena almohada para el que la tiene de utilizar.
  • El dormitorio debe acondicionarse en cuanto a la luz, temperatura y sonoridad, y ser un ambiente idóneo para el descanso.
  • Aunque es aconsejable el ejercicio físico a diario, se debe respetar un intervalo de 2-3 horas desde el final de este al inicio del descanso.
  • Se aconseja cerrar asuntos personales o laborales antes de dirigirse al dormitorio, deshazte de tensiones sin resolver.
  • Debemos evitar leer en cualquier dispositivo electrónico, así como usar el teléfono móvil al menos media hora antes de ir a la cama.
  • Es mejor no ver la televisión en el dormitorio.
  • Poner en práctica algún hábito a diario: ponerse el pijama, higiene bucal, la lectura de un buen libro…
  • No echarse la siesta si está restando horas a tu sueño nocturno.
  • Opcionalmente se puede tomar infusiones naturales de pasiflora, un aliado para coger el sueño. Se recomienda tomar una taza unas dos horas antes de acostarse y una más en el momento de hacerlo. También se puede añadir otras hierbas como melisa o valeriana.
  • Evitar estimulantes como el café, alcohol, los refrescos con cafeína, tabaco, etcétera.

Conclusiones sobre el insomnio

La mitad de los adultos padecerá insomnio en algún momento de su vida, un trastorno que casi siempre es un síntoma de otro problema. Para tratarlo, es imprescindible actuar sobre el motivo que lo origina.

Un bebé puede dormir hasta un total de 18 horas al día, un adulto unas 8 horas y un anciano sobre 6 horas y media.

El insomnio no solo afecta en horario nocturno, sino también durante el día, que es cuando sufre las consecuencias del descanso insuficiente, como falta de energía, cansancio, dificultad de concentración e irritabilidad, bajo rendimiento laboral, aumento del porcentaje de accidentes, etc.

Por regla general, afecta con más frecuencia a las mujeres, aunque existe un incremento de la tasa de insomnio en varones a lo largo de la vida e incluso en niños, probablemente en relación con los hábitos que tenemos en nuestra vida actual.

En la mayor parte de los casos, el insomnio es un síntoma de otro trastorno ya existente de tipo médico, psiquiátrico, psicológico, conductual o ambiental, más que una enfermedad en sí misma, por lo que, a la hora de tratarlo, se debe actuar sobre la causa que lo produce, y no solo sobre los síntomas