En nuestro centro de psicólogos muchos de los pacientes que tenemos han sufrido situaciones emocionalmente muy intensas, tras las cuales siguen teniendo síntomas de ansiedad y pánico, queremos enseñar un caso de abordaje somático en el tratamiento de Estrés Postraumático.
Caso de intervención con trauma
Malena, 34 años, viene porque siente que está desconectada de su cuerpo, agotada todo el día, con ansiedad que no sabe explicar y con momentos en los que se queda totalmente bloqueada cuando algo la supera. Dice que vive entre tensión y vacío, como si su cuerpo fuese por libre. Creció con unos padres que estaban físicamente pero no emocionalmente, así que aprendió a no pedir nada y a tirar sola. Ahora es muy perfeccionista, evita el conflicto y somatiza bastante con dolores de espalda, opresión en el pecho o problemas digestivos. No recuerda traumas concretos, solo una sensación de frialdad constante en casa. Le cuesta identificar lo que siente y, en sesión, se nota que su cuerpo está rígido y que a veces se va un poco, como si desconectara. También dice que la calma le pone nerviosa, como si no fuera un sitio seguro. Todo esto encaja con un cuerpo que ha estado años en modo supervivencia, alternando entre estar muy acelerado y de repente apagarse. Aunque por fuera parece que lo lleva todo bien, por dentro vive con mucha desconexión y tensión. La idea es trabajar desde el cuerpo: ayudarla a sentirse más segura, notar poco a poco lo que pasa dentro, observar tensiones y señales antiguas que se quedaron ahí. Empezamos por lo básico: respirar más lento, usar anclajes sensoriales y ver cuándo se sale de su ventana de tolerancia. La intención es que su cuerpo pueda volver a ser un lugar más amable.
MARCO TEÓRICO
El enfoque del trabajo parte de la idea de que el trauma no es solo “lo que pasó”, sino cómo lo vivió el cuerpo. La neurociencia actual explica bastante bien por qué muchas personas sienten desconexión, tensión crónica o miedo sin motivo aparente: su sistema nervioso se quedó acostumbrado a sobrevivir y nunca aprendió a relajarse de forma segura.
Desde la neurociencia interoceptiva se entiende que el cerebro interpreta las señales internas del cuerpo para generar emociones. Si esa interocepción está alterada, es normal que aparezcan ansiedad, confusión o sensación de no fiarse de las propias sensaciones. La teoría polivagal completa esta idea explicando que el sistema nervioso funciona por “modos”: a veces entramos en defensa, otras en colapso y, cuando todo va bien, en conexión. No es algo mental, es biológico, y por eso la corregulación con otra persona es tan importante para volver a sentir seguridad.
Modelos como Somatic Experiencing o Sensorimotor Psychotherapy muestran que el trauma deja el cuerpo con impulsos defensivos que nunca se pudieron terminar: huir, defenderse o quedarse quieto. Por eso el cuerpo repite tensión, bloqueos o movimientos mínimos que parecen “sin sentido”. El enfoque NARM ayuda a ver cómo todo esto afecta a la identidad y a la capacidad de conectar con uno mismo, y cómo la recuperación pasa por ‘sentirse’. Y la CFT aporta algo clave: aprender a activar el sistema calmante sin sentir culpa o vergüenza, para que la calma no resulte amenazante.
La teoría de la memoria somática resume todo esto diciendo que, aunque no haya recuerdos claros, el cuerpo sí registra lo vivido en la postura, la musculatura o el ritmo interno. Por eso muchas personas “saben” algo sin poder explicarlo.
Desde esta mirada integrada, el trauma relacional se entiende como un cuerpo que no logra percibir seguridad de manera estable y que vive entre tensión y apagón. La mente puede desconectarse, pero el cuerpo sigue hablando a través de rigidez, presión interna o vacío.
El objetivo del tratamiento es ayudar a que cuerpo y mente vuelvan a coordinarse desde un lugar seguro. Para eso se combinan técnicas que van de abajo a arriba, como respiración vagal sencilla, grounding, orientación sensorial, micro movimientos, repatterning, ejercicios somáticos suaves, yoga sensible al trauma, TRE y momentos de presencia corporal. Y se mezclan con técnicas más cognitivas o simbólicas, como psicoeducación, mindfulness compasivo, narrativa corporal, integración simbólica, EMDR corporal y recursos de CFT.
La idea general es que el cuerpo no solo guarda la huella del trauma, sino que también puede repararla. A base de experiencias corporales seguras, repetidas y llevadas con calma, el sistema nervioso aprende poco a poco que la tranquilidad no es peligrosa, que el movimiento puede sentirse libre y que el contacto puede ser algo que sostiene, no algo que amenaza.
Este documento recoge únicamente la parte somática del trabajo, que fue el núcleo de la intervención, aunque en la práctica se combinaron también herramientas cognitivas, emocionales y relacionales que aquí no se detallan para mantener el foco en la memoria corporal implícita.
SESIÓN 1
Desarrollo de la intervención
Objetivo: que Malena empiece a sentir seguridad en el cuerpo y que la relación terapéutica le resulte de confianza. Le explico de forma sencilla cómo el trauma se mete en el sistema nervioso y cómo a veces seguimos en “modo defensa” aunque ya no haya peligro. Trabajamos estabilización, grounding, respiración lenta y algunas microtécnicas simples para ayudarla a situarse en el aquí y ahora.
Desarrollo de la sesión
Malena llega muy tensa y respirando algo rápido. Empezamos hablando de por qué pasa eso: cuando has vivido algo duro, tu cuerpo se acostumbra a estar en alerta y se queda atrapado en lucha, huida o incluso colapso aunque no haga falta.
Pasamos a un ejercicio básico de grounding: sentir los pies en el suelo, el peso del cuerpo en la silla, notar puntos de apoyo. La idea es que su cuerpo “aterrice” un poco y que la sensación de estar presente sea más clara.
Luego hacemos orientación somática (lo típico de ir moviendo la mirada por la sala muy despacio). Le pido que se fije en colores, texturas y cosas que le resulten agradables. Esto suele bajar bastante la hiperactivación porque el cerebro entiende que el entorno es seguro.
Después le enseño respiración diafragmática lenta, unas 5–6 respiraciones por minuto. Usamos un gráfico sencillo tipo biofeedback para acompañar el ritmo. Poco a poco su respiración pasa de subirle el pecho a moverse más por la tripa. Le explico que eso activa el nervio vago y que ayuda muchísimo a que el cuerpo entre en modo calma.
En el cierre añadimos un ejercicio de autocontacto (manos en pecho y abdomen). A Malena esto le remueve; dice que relajarse le da un poco de miedo. Trabajamos la idea de que su cuerpo tiene que reaprender que estar tranquila es seguro, no peligroso.
Pensamientos
“Cuando respiro despacio me vienen ganas de llorar.”
“Me da miedo estar tranquila porque no estoy acostumbrada.”
Observaciones clínicas
Llega muy activada y con hipervigilancia, pero responde bien al acompañamiento. Se regula poco a poco, baja la tensión y al final mantiene el contacto visual.
Tareas entre sesiones
Practicar respiración diafragmática 5 minutos, dos veces al día.
Hacer un minuto de orientación somática al despertarse (mirar alrededor y elegir tres cosas agradables).
Anotar tres momentos del día en los que su cuerpo se haya sentido neutro o mínimamente agradable.
Escuchar un audio corto de respiración guiada antes de dormir.
SESIÓN 2
Desarrollo de la intervención
Objetivo: que Malena empiece a notar lo que pasa dentro de su cuerpo sin entrar en automático. Usamos body scan, focusing, etiquetado corporal de emociones y un primer contacto con Hakomi, es decir, observar microgestos y microcambios sin interpretar.
Desarrollo de la sesión
Revisamos tareas. Ha practicado bastante y me dice que empieza a “volver al cuerpo sin agobiarse”. Con eso abrimos el tema de la interocepción: cómo el cerebro traduce señales corporales en emociones y por qué a veces el cuerpo va por un lado y la mente por otro.
Hacemos un body scan simple. Va recorriendo zonas del cuerpo y viendo qué nota. Le aparecen tensión en el abdomen y presión en el pecho. Le pido que solo observe, sin intentar cambiar nada, como si estuviera viendo algo curioso.
Pasamos a focusing. Le pregunto qué “forma” o “textura” tienen esas sensaciones. Dice “una piedra”. Esto ayuda a que la sensación se vuelva más clara y empiece a transformarse en emoción reconocible.
Luego hacemos un ejercicio breve de Hakomi. Le digo que esté atenta a los microgestos o cambios en su postura mientras nombra cada sensación. No interpretamos nada, simplemente notamos qué hace su cuerpo cuando le pone palabras a lo que siente.
Después practicamos el etiquetado emocional corporal: dónde nota el miedo, dónde la tristeza, dónde la culpa. Empezamos a unir lenguaje emocional y corporal, que es clave para que vaya identificando lo que siente.
Para cerrar, hacemos unos segundos de movimiento auténtico. Ojos cerrados, deja que su cuerpo haga un gesto que represente lo que más siente ahora mismo. Ese gesto se valida como “lenguaje del cuerpo”, sin juicio.
Pensamientos
“Respirar y no huir empieza a ser posible.”
Observaciones clínicas
Mucho más conectada a su cuerpo. Se notan señales de relajación (suspiros, lagrimas, postura más blanda). Aun así, al trabajar el abdomen tiene pequeños momentos de desconexión, pero los manejamos rápido con grounding. Su tolerancia a sentir aumenta.
Tareas entre sesiones
Mini body scan diario centrado en abdomen y pecho.
Anotar sensaciones con una palabra o imagen simbólica.
Practicar respiración lenta antes de dormir y apuntar si cambia algo en sueño o tensión.
Dibujar o describir el gesto que salió en el ejercicio de movimiento auténtico.
SESIÓN 3
Desarrollo de la intervención
Objetivo: que Malena aprenda a notar antes cuándo se desregula y que tenga recursos para calmarse sin llegar a ponerse en modo alarma o desconectarse. Trabajamos con respiración vagal rítmica, mindfulness corporal, movimiento suave, temblores neurogénicos controlados, orientación sensorial y grounding.
Desarrollo de la sesión
La sesión empieza revisando cómo le ha ido la semana. Malena comenta que ya identifica mejor cuándo su cuerpo empieza a tensarse y que puede parar antes de “apagarse”. Validamos esto y le explico la idea de que el cuerpo avisa antes que la cabeza, y que esos avisos pequeñitos son importantísimos.
Empezamos con respiración rítmica usando música muy lenta. La idea es que respire a un ritmo estable para crear coherencia entre corazón y respiración. Tras unos minutos, dice que siente calorcito y calma en el pecho.
Pasamos a movimientos suaves, del estilo de yoga sensible al trauma y eutonía: girar hombros despacio, un ligero balanceo del cuerpo, estirar la columna sin forzar, y micromovimientos de los pies. Le digo que pare o baje la intensidad cuando quiera, que aquí siempre manda su cuerpo. Estos movimientos ayudan a que vuelva a sentir su cuerpo desde dentro y a recuperar sensación de control.
Hacemos un pequeño ejercicio de TRE (temblores neurogénicos): de pie, con las rodillas un poco flexionadas, permitimos que aparezca un temblor suave en las piernas. Solo unos segundos. Le digo que no se trata de liberar tensión a lo grande, sino de acostumbrarse a que su cuerpo se mueva solo sin miedo.
Luego hacemos grounding multisensorial (5-4-3-2-1). Le pido que nombre cinco cosas que ve, cuatro que puede tocar, tres que oye, dos que huele y una que saborea. Esto la trae al presente y corta la desconexión.
Cerramos con una explicación sencilla de teoría polivagal: que el cuerpo tiene varios “modos” y no son fallos, sino maneras de protegerse. Y que podemos ayudar a esos modos con respiración, contacto visual y voz calmada. Le explico que estar tranquila no es estar apagada, sino estar presente sin tensión.
Pensamientos
“A veces la calma aparece sin hacer yo nada”.
Observaciones clínicas
Tolera mejor las sensaciones del cuerpo sin desconectarse. Mantiene la atención interna. Mejor postura. Tono muscular más relajado.
Tareas entre sesiones
Practicar respiración rítmica cinco minutos al día.
Hacer movimientos suaves o permitir microtemblores al final del día.
Apuntar tres señales de calma y tres de tensión corporal.
Escribir una nota rápida sobre cómo cambia su energía cuando usa grounding o respiración.
SESIÓN 4
Desarrollo de la intervención
Objetivo: ayudar a Malena a reconocer y manejar las microdisociaciones, que son desconexiones que aparecen cuando se activa. Usamos autoapoyo corporal, anclaje sensorial, repatterning, es decir, cerrar movimientos defensivos, somatic resourcing, visualización de seguridad y mindfulness somático. Buscamos que integre lo que siente, sin forzar.
Desarrollo de la sesión
Malena llega diciendo que cuando se relaja demasiado siente un “apagón”, como si dejara de estar. Le explico que la disociación es una forma de protección y que el cuerpo va saltando entre activación y bajón para sobrevivir. Le digo que vamos a trabajar la idea de “ver lo que me pasa sin perderme”.
Empezamos con autocontacto: manos en el pecho, abdomen y luego, en los brazos. Esto marca límites corporales y le da sensación de sostén. Metemos un balanceo pélvico suave con respiración tranquila para que vuelva a orientarse y notar el cuerpo desde dentro.
Pasamos a repatterning sensoriomotor: le pido que note qué gesto defensivo su cuerpo quiere hacer (empujar, girar, tensar hombros) y que lo complete despacio. Este cierre de movimientos pendientes descarga energía retenida y ayuda a que el cuerpo “termine lo que empezó”.
Después hacemos una visualización de seguridad. Malena imagina un lugar donde su cuerpo está seguro. Le aparece una habitación cálida con olor a madera. Trabajamos los detalles sensoriales para que su cuerpo pueda asociar esa imagen a calma real.
Seguimos con somatic resourcing: recordar un momento donde su cuerpo estuvo cómodo: un abrazo, sol en la piel, caminar en la playa. Le pido que sienta cómo era ese momento en el cuerpo y lo traiga al presente como recurso.
Hacemos un mindfulness somático corto. Observamos la línea entre estar presente y empezar a irse. Malena detecta que justo antes de desconectarse nota hormigueo en las manos y un zumbido en los oídos. Le explico que esos son avisos perfectos para usar grounding.
En el cierre, Malena dice que está cansada “bien” y que esta vez no se ha ido del todo. Le refuerzo la idea de que puede volver al cuerpo poco a poco y que no tiene que forzarse.
Pensamientos
“Mi cuerpo a veces se apaga, pero ahora sé que puedo volver.”
Observaciones clínicas
Menos episodios de desconexión. Mejor reconocimiento de señales previas. Tono muscular más estable, respiración más profunda.
Tareas entre sesiones
Hacer autoapoyo corporal antes de dormir.
Completar cada día un gesto que simbolice “vuelvo”.
Usar grounding 5-4-3-2-1 ante señales de disociación.
Dibujar o describir su lugar seguro corporal.
Registrar cada vez que consigue volver al cuerpo después de empezar a desconectarse.
SESIÓN 5
Desarrollo de la intervención
Objetivo: que Malena empiece a exponerse poco a poco a sensaciones corporales que antes evitaba porque las asociaba a peligro. Queremos que amplíe su ventana de tolerancia, que sienta que puede sostener la activación y que experimente control. Usamos: exposición interoceptiva, anclaje corporal, regulación después de la activación, pequeños gestos de “reorganizar” movimientos defensivos que quedaron a medias y orientación activa como mirar alrededor lentamente.
Desarrollo de la sesión
Revisamos registros. Ella nota que cuando aparece el hormigueo previo a desconectarse, ahora se para antes, se toca brazos o piernas para volver y respira. Dice que se siente con más control.
Le explico la idea de la exposición interoceptiva: no buscamos que desaparezcan las sensaciones, sino aprender a tolerarlas y a verlas como señales, no amenazas.
Hacemos la primera práctica: un ratito corto de hiperventilar suave, unos 30 segundos, parar y luego respirar despacio. Observa el pulso rápido y el calor. La acompaño marcando un ritmo calmado. La activación baja sola al cabo de un minuto. Marcamos ese aprendizaje: la activación sube pero también baja y ella puede acompañarla.
Después hacemos un ejercicio de movimiento: levantar los brazos despacio por encima de la cabeza, mantener un poco y soltar. En ella sale una mezcla de miedo y algo de presión en el pecho. Lo sostenemos con respiración y contacto visual. Trabajamos aguantar un poquito la activación sin echarse atrás.
Incluimos una práctica de “cerrar” movimientos defensivos: le pido que note si su cuerpo quiere empujar, girar o soltar algo. Lo hace lento y controlado.
En la segunda parte aplicamos una liberación miofascial: estiramientos lentos de cuello y brazos, exhalando largo.
Cerramos con regulación: sentada, pies apoyados, respiraciones largas. Le guío una visualización de un sitio cálido y estable. Termina cansada pero tranquila.
Pensamientos
“Sentir el corazón rápido ya no me asusta tanto”.
“Puedo estar activada sin terminar mal”.
Observaciones clínicas
Sostiene mejor la activación sin disociar. Respira con más coordinación. Mezcla mejor emoción, sensación y significado cuando habla.
Tareas entre sesiones
Practicar respiración con exhalación larga antes y después de momentos estresantes.
Registrar cuándo nota activación y cómo la regula.
Hacer cinco minutos de movimientos suaves de brazos y cuello.
Practicar orientación: mirar alrededor lento y nombrar tres cosas agradables antes de dormir.
SESIÓN 6
Desarrollo de la intervención
Objetivo: traducir sensaciones del cuerpo en imágenes o símbolos que le ayuden a entenderse mejor. Usamos focusing, visualización, movimiento expresivo, autocompasión corporal y un poquito de trabajo de voz, con sonidos graves que calman, para que pueda soltar emociones antiguas sin forzarlas.
Desarrollo de la sesión
Llegó con una sensación rara que decidimos llamar “nostalgia corporal”: vacío y cansancio. Le explico que cuando el cuerpo vuelve a sentirse, suelen aparecer emociones antiguas que estaban como guardadas sin palabras.
Empezamos con focusing en el abdomen. Le pido que note la sensación y le ponga imagen. Aparece una “caja de madera cerrada”. Hablamos de esa caja: protege, pero también aísla. Hacemos una visualización imaginando que se abre poco a poco.
Pasamos a movimientos suaves tipo apertura: estirarse, expandir brazos, balancear el cuerpo, dejar que la respiración acompañe. Dice que siente alivio y calor en el pecho.
Luego hacemos una microtécnica de voz: sonidos graves como “mmm” o “aah” al exhalar. Nota vibración en el pecho y como una descarga emocional muy suave.
Pasamos a la autocompasión corporal: una mano en el pecho y otra en el abdomen, y frases de cuidado hacia sí misma. Trabajamos activar una voz interna protectora.
Comenta que siente más confianza en su cuerpo y que se está dando permiso para sentir.
Pensamientos
“El calor en el pecho se siente como ternura”.
“Por primera vez, la tristeza no duele tanto”.
Observaciones clínicas
Más coherencia entre lo que siente y lo que expresa. Lo simbólico aparece ligado al cuerpo sin provocar colapso.
Tareas entre sesiones
Practicar el gesto de autocompasión corporal una vez al día.
Hacer 1 minuto de sonidos graves (mmm) en la exhalación.
Registrar sensaciones asociadas a ternura y paz.
Dibujar o describir la imagen corporal que surgió en la sesión.
Tres respiraciones amplias antes de dormir y una frase amable hacia su cuerpo.
SESIÓN 7
Desarrollo de la intervención
Objetivo: empezar a integrar recuerdos tempranos sin saturarse. Se junta trabajo corporal con regulación emocional y una elaboración más simbólica. Se usa una mezcla de EMDR con enfoque somático, mindfulness compasivo, anclaje corporal seguro y toques de NARM para conectar con su parte más viva sin revivir historias difíciles.
Desarrollo de la sesión
Malena llega más tranquila y presente. Comenta que ha seguido haciendo prácticas de autocompasión y que nota menos tensión en la zona del abdomen. Se le explica que vamos a empezar a integrar recuerdos usando el cuerpo. La idea es ampliar tolerancia, no revivir nada traumático.
Se hace un ejercicio adaptado de EMDR somático: sentada, conecta primero con su “lugar seguro corporal”. Después se añade un tapping bilateral suave que ella misma se aplica (muslos o brazos) para ayudar a integrar. Durante el ejercicio, se le pide que localice una sensación corporal que le recuerde al pasado (rigidez, frío, falta de energía) y otra que represente cómo está ahora (calor, respiración fluida, seguridad). El tapping va acompañando el paso de una sensación a otra para que cuerpo y memoria empiecen a encajar.
Cada poco se hacen micropausas para que el cuerpo procese sin saturarse. Empiezan a aparecer imágenes muy suaves de la infancia: una habitación silenciosa, una madre distante, sensación de no haber sido mirada. Para regular, volvemos a respiración lenta y a sentir bien apoyados los pies en el suelo. Malena nota un nudo en la garganta que se va aflojando con la respiración.
Después se añade un anclaje de vitalidad (NARM). Se le pide que busque en el cuerpo una zona donde note energía o calidez y que la deje crecer con respiraciones profundas. Esto sirve para que siga conectada con lo que está vivo en ella, no solo con el dolor.
Para cerrar, hacemos un ratito de mindfulness compasivo, centrado en las sensaciones de alivio y calor que aparecen después del ejercicio. Se refuerza la idea de que está en el presente y que su cuerpo ya no está en peligro.
Se cierra la sesión reforzando la idea de seguridad interna como base para lo que venga después.
Pensamientos
“El calor en el pecho me recuerda que sigo aquí”.
Observaciones clínicas
Regulación estable, incluso cuando aparecen recuerdos sensibles. Más integración entre emoción, sensación y narrativa. No hay señales de disociación. Se ve más capaz de quedarse presente frente a memorias difíciles.
Tareas entre sesiones
Repetir el tapping bilateral cinco minutos al día.
Hacer dos minutos diarios de respiración centrada en la zona donde note vitalidad.
Escribir una reflexión corta sobre cómo diferencia en el cuerpo lo pasado de lo presente.
Practicar mindfulness compasivo centrado en sensaciones de seguridad una vez al día.
Antes de dormir, grounding o respiración profunda si aparecen recuerdos intensos.
SESIÓN 8
Desarrollo de la intervención
Objetivo: recuperar sensación de control corporal, pasar de un cuerpo pasivo a uno que toma decisiones y tiene fuerza. Se trabaja con movimiento expresivo, posturas de poder, biofeedback respiratorio, ejercicios de empuje y revisión de creencias corporales que la han limitado.
Desarrollo de la sesión
Malena comenta que desde la sesión anterior se siente más conectada corporalmente, aunque con ciertos momentos de descontrol. Se le explica que ahora queremos pasar de notar el cuerpo a usarlo con intención.
Se empieza con movimiento libre guiado, con música suave. Pasa de movimientos pequeños a gestos más amplios, apoyados en respiraciones profundas. Esta apertura del movimiento ayuda a que salga de la contención y entre en autoexpresión.
Luego se hace un trabajo más activo: repatterning de empuje. Se le pide que empuje una pared o un cojín unos segundos, sintiendo dirección y fuerza. Esto ayuda a completar patrones de defensa que quedaron bloqueados en la infancia y a conectar con su capacidad de acción.
Después vienen las posturas de poder. De pie, piernas firmes, brazos abiertos, mirada al frente. Se mantiene así un rato y se observa lo que aparece: fuerza, estabilidad. Se añade a la postura frases que validan ese poder: “tengo fuerza y elección”.
Se añade biofeedback respiratorio con una app que marca coherencia cardíaca. Malena ve en tiempo real cómo mejora cuando exhala despacio.
A continuación, una microtécnica de vibración vocal: un “mmm” largo, suave, mientras mantiene la postura. Este sonido activa el vago ventral.
Se revisan creencias corporales antiguas como “mi cuerpo me traiciona” y se sustituyen por “mi cuerpo me protege”.
Pensamientos
“Puedo confiar en lo que mi cuerpo hace”.
Observaciones clínicas
Más vitalidad y sensación de control físico. Postura más estable, contacto visual continuo. Menor rigidez mental.
Tareas entre sesiones
Practicar la postura de sostén una vez al día.
Hacer pequeños empujes o estiramientos que simbolicen acción o decisión.
Registrar actividades que le hagan sentir energía o fuerza.
Dedicar cinco minutos a moverse libremente con música.
Repetir afirmaciones corporales funcionales después de cada práctica.
SESIÓN 9
Desarrollo de la intervención
Objetivo: Ayudar a que Malena empiece a sentir su cuerpo como un sitio donde también hay cosas agradables, no solo tensión o alerta. Se trabaja desde un enfoque compasivo (CFT), centrándonos en sensaciones positivas, interocepción agradable, autotoque consciente, liberación miofascial y algo de estimulación vagal con la voz.
Desarrollo de la sesión
Malena llega contenta. Cuenta que ha seguido haciendo las posturas de sostén y que ha empezado a notar “energía buena” cuando se mueve. Se le explica que es normal que el cuerpo traumatizado busque peligro antes que bienestar, y que por eso vamos a entrenar el sentir cosas agradables.
Empezamos con respiración compasiva y autotoque consciente (manos en pecho, abdomen y brazos). Le pido que se fije en temperatura, textura y cómo se mueve la respiración. La idea es que note calma real.
Luego hacemos una exploración sensorial positiva: notar temperatura, textura o movimiento en distintas zonas del cuerpo, sin forzar nada. Le guío a explicarlo con voz lenta y cálida, para activar el sistema vagal ventral.
Metemos algo de movimiento suave y liberación miofascial ligera en cuello, hombros y espalda. Estiramientos lentos y presión muy suave. Ponemos música lenta para acompañar.
Hacemos vibración vocal suave con atención en pecho y garganta. Esto ayuda al vago ventral y a anclar la sensación agradable.
Cerramos con una visualización de gratitud corporal: pensar en partes del cuerpo que le han sostenido a lo largo de su vida. Le salen emociones de ternura. Reforzamos la idea de que sentir placer, ternura o gratitud también es reparación del trauma.
Acabamos con una mini práctica interoceptiva de agrado: identificar tres sensaciones corporales agradables y decirlas despacio.
Pensamientos
«Agradecerle al cuerpo me da paz»
Observaciones clínicas
Conecta con sensaciones agradables sin ansiedad ni culpa. Menos hipervigilancia y más soltura postural. Autocompasión más estable.
Tareas entre sesiones
Automasaje o estiramientos suaves 5–10 min por la noche.
Hacer sonidos graves un minuto fijándose en la vibración.
Anotar tres sensaciones corporales agradables al día.
Hacer respiración compasiva con gratitud corporal antes de dormir.
Observar qué emoción aparece cuando siente bienestar, sin intentar cambiarla.
SESIÓN 10
Desarrollo de la intervención
Objetivo: Entrenar que Malena pueda conectar con otras personas sin que su cuerpo se disocie o se ponga en alerta. Trabajamos el sistema de compromiso social (Teoría Polivagal), la corregulación, la presencia corporal en la relación y algunas ideas del modelo NARM para que pueda ajustar cercanía/distancia.
Desarrollo de la sesión
Cuenta que está poniendo límites y que su cuerpo reacciona con menos rigidez cuando se siente escuchado.
En el cierre, Malena dice que se siente tranquila, sin tensión. Respira mejor y parece estar cómoda.
Pensamientos
«Puedo conectar sin irme».
Observaciones clínicas
Más flexibilidad y equilibrio emocional. Contacto ocular estable. Gestos más espontáneos. No hay señales de amenaza cuando está cerca de alguien.
Tareas entre sesiones
Practicar contacto visual consciente con alguien de confianza.
Probar una mini sincronización respiratoria o vocal con alguien.
Registrar qué sensaciones aparecen cuando hay cercanía o distancia.
Anotar una situación semanal donde haya conectado sin ansiedad.
Usar el micromovimiento de “contacto y retirada” cuando sienta saturación social.
SESION 11
Desarrollo de la intervención
Objetivo: Acompañar a Malena a unir su historia corporal y emocional para que pueda ver su recorrido. Se usan técnicas de revisión narrativa, línea de vida corporal, mindfulness reflexivo, autocompasión encarnada, somatic resourcing y movimiento consciente suave.
Desarrollo de la sesión
Empezamos repasando lo que ha cambiado estas semanas. Malena comenta que ya no siente su cuerpo como algo externo o raro y que ahora entiende mejor cuándo aparece la tensión y cuándo la calma, sin asustarse.
Hacemos una línea de vida corporal. Malena dibuja una silueta y marca en ella momentos de desconexión con colores fríos y momentos de reconexión con colores cálidos. Mientras pinta, va comentando que su cuerpo fue adaptándose para sobrevivir en cada etapa. Hablamos de mirar esa historia sin juicio, intentando agradecer incluso las estrategias que ya no necesita.
Para acompañar el ejercicio, vamos añadiendo movimientos suaves. Encorvarse un poco al recordar épocas de cierre. Abrir el pecho al hablar de momentos de conexión. Esto ayuda a que la narrativa no se quede solo en la cabeza, sino que el cuerpo la acompañe.
Después hacemos un mindfulness reflexivo. Con ojos cerrados, repasa sensaciones habituales del proceso: rigidez, calor, alivio, cambios en la respiración. Observa cómo han ido transformándose. Reforzamos la idea de continuidad: el cuerpo no es enemigo, es un lugar donde queda guardada la experiencia.
Hacemos también un breve somatic resourcing. Le pido que recuerde sensaciones protectoras que haya sentido en sesión. Calor, respiración más profunda, pies firmes en el suelo. La idea es que identifique esos recursos como algo disponible siempre.
Cerramos con una pequeña revisión de pensamientos sobre identidad. Trabajamos frases que ya usa de forma espontánea y que reflejan cambio: ya no soy la que se apaga, ahora puedo sostenerme, me siento dentro de mi cuerpo. Las reforzamos desde la autocompasión.
Pensamientos
“Ahora entiendo lo que significa estar presente”.
Observaciones clínicas
Habla con calma. Su cuerpo y sus palabras van de la mano. Más flexibilidad emocional, más estabilidad del sistema nervioso.
Tareas entre sesiones
Escribir una carta breve de agradecimiento dirigida a su cuerpo.
Revisar la línea de vida corporal e incluir símbolos que representen crecimiento.
Hacer diez minutos diarios de mindfulness reflexivo centrado en la sensación de unidad cuerpo mente.
Registrar tres situaciones a la semana donde haya sentido coherencia entre emoción y cuerpo.
Antes de dormir, hacer tres respiraciones recordando una sensación corporal que simbolice seguridad.
SESION 12
Desarrollo de la intervención
Objetivo: Cerrar el proceso integrando los avances, reforzar las herramientas aprendidas y abordar la autonomía. Utilizamos visualización de futuro, síntesis simbólica corporal, un ritual de cierre encarnado y prácticas somáticas orientadas a la continuidad.
Desarrollo de la sesión
Empezamos recordando el camino desde la primera sesión. Malena habla de un cambio claro: pasó de desconfiar de su cuerpo a sentirlo como aliado. Nombra sus tres recursos principales: respiración, autocompasión y movimiento consciente.
Hacemos una visualización de futuro. Le pido imaginar una escena cotidiana viviendo desde esa versión más calmada y conectada consigo misma. Fijarse en gestos, sensaciones, pensamientos. Después escribe tres frases que resumen esa relación renovada con su cuerpo. Me vivo con calma. Respiro antes de reaccionar. Confío en mis señales.
Pasamos al ritual de cierre corporal. Malena se pone de pie y realizamos una pequeña secuencia de movimientos lentos que simbolizan su proceso. Enraizamiento con los pies firmes. Apertura con los brazos extendidos. Autocontacto llevando las manos al pecho y al abdomen. Lo acompaña con respiraciones amplias y algún sonido suave. Es un modo de integrar en el cuerpo todo lo que ha ido aprendiendo.
Incluimos movimientos espontáneos como microtemblores, balanceos o estiramientos suaves para representar flexibilidad y adaptación. Le recuerdo que un cierre no es un final sino una transición hacia su autonomía.
Leemos la carta al cuerpo que escribió como tarea. En ella agradece su resistencia y expresa ganas de seguir cuidándose con ternura.
Para conectarlo con el futuro, hacemos un ejercicio de orientación temporal somática. Le pido imaginar una semana, un mes y seis meses más adelante, y verse usando las técnicas trabajadas. Esto refuerza que no depende de la terapia para seguir regulándose.
Terminamos con un momento breve de silencio y respiración compartida.
Pensamientos
“He aprendido a leerme desde dentro”.
“Mi cuerpo ya no es amenaza”.
Observaciones clínicas
Gran integración psicocorporal. Buena percepción de control interno.
Tareas finales
Mantener una práctica semanal de respiración y grounding.
Releer la carta al cuerpo cuando necesite reconectar.
Registrar experiencias corporales placenteras que vayan apareciendo en su vida diaria.
Repetir una vez al mes el ritual de cierre como recordatorio de continuidad.
Valorar una sesión mensual de seguimiento para acompañar la consolidación del cambio.
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