¿Qué elegir? Terapia psicológica o Neurofeedback
El cerebro mueve información eléctrica y química, y los dos ámbitos dependen el uno del otro. El objetivo del Neurofeedback es entrenar al cerebro a largo plazo, lo que ayuda a
organizar el funcionamiento del cerebro, para conseguir que los circuitos neuronales que no están funcionando de forma óptima puedan funcionar mejor. El cerebro tiene plasticidad, y el entrenamiento en Neurofeedback ayuda a organizar las interconexiones de las redes neuronales; si ese entrenamiento lo repetimos mucho, el cerebro se auto-organiza.
De hecho, la Academia Americana de Pediatría considera el Neurofeedback con Nivel 1 de Evidencia Probada para el tratamiento del TDAH, el nivel más alto de evidencia científica. Lo ideal es combinarlo con la terapia infantil.
Más información sobre neurofeedback para TDAH.
¿Cómo saber si mi hijo tiene TDAH?
El TDAH puede manifestarse de forma diferente según la edad. En la etapa preescolar es habitual que los niños con TDAH tengan dificultades para permanecer sentados, sigan pocas instrucciones y muestren impulsividad (pegar, interrumpir, correr sin parar). En primaria, es frecuente que tengan problemas para concentrarse en clase, olviden materiales, no terminen tareas, hablen en exceso o tengan dificultades para esperar turnos. En la adolescencia, los síntomas pueden transformarse en inquietud interna, bajo rendimiento escolar, desorganización o impulsividad en la toma de decisiones. Aunque algunos de estos comportamientos son normales en ciertas edades, lo que distingue al TDAH es la intensidad, frecuencia y el impacto negativo en la vida familiar, social o escolar. Si tienes dudas, lo mejor es acudir a un psicólogo infantil para una evaluación completa.
¿Qué tipos de TDAH existen?
El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad se divide en tres subtipos, según cuál sea el síntoma predominante:
- Tipo inatento: el niño parece estar en su mundo, comete errores por descuido, se distrae fácilmente y le cuesta mantener la atención. No suele ser inquieto.
- Tipo hiperactivo-impulsivo: muestra una gran necesidad de moverse, interrumpe constantemente, habla sin parar y actúa sin pensar.
- Tipo combinado: presenta síntomas tanto de inatención como de hiperactividad e impulsividad.
Identificar el subtipo ayuda a personalizar el tratamiento y mejorar los resultados.
¿Mi hijo tiene TDAH o simplemente es muy activo?
Es normal que algunos niños sean más movidos que otros, sobre todo en la primera infancia. Sin embargo, cuando la actividad, impulsividad o distracción afectan de forma significativa al aprendizaje, a la convivencia familiar o a las relaciones sociales, conviene realizar una evaluación. El TDAH no se diagnostica por tener "mucha energía", sino por la persistencia de ciertos síntomas durante al menos seis meses, en distintos contextos (casa, colegio, ocio), y con un grado de afectación superior al esperado para su edad. Un psicólogo especializado podrá ayudarte a diferenciar entre lo evolutivo y lo clínico.
¿Qué tratamientos son eficaces para el TDAH?
El tratamiento del TDAH debe ser integral y adaptado a las necesidades del niño. Las intervenciones más eficaces según la evidencia científica incluyen:
- Psicoterapia cognitivo-conductual infantil para mejorar la autorregulación, la atención y las habilidades sociales.
- Pautas educativas a padres, que enseñan a manejar la conducta en casa con refuerzo positivo, rutinas claras y normas consistentes.
- Coordinación con el colegio, para adaptar la enseñanza y mejorar la atención en el aula.
- Neurofeedback, que ha mostrado beneficios en la regulación atencional y el autocontrol.
- Mindfulness infantil, útil para mejorar la atención y la gestión emocional.
- En algunos casos, el tratamiento farmacológico puede ser recomendado por un psiquiatra.
Un buen plan de tratamiento suele combinar varias de estas estrategias. En IPSIA tienes todas estas opciones en el mismo centro.
¿Necesita el niño un psicólogo infantil?
Puede parecer que los niños no tienen problemas o que estos son menos urgentes o importantes; algunos padres creen que los problemas se resolverán solos y que los problemas de conducta o emocionales de los niños son pasajeros. Pero la verdad es que los padres subestiman los problemas de los hijos, sus preocupaciones y ansiedad, y piensan que tienen más capacidad para el bienestar de la que tienen. Algunas situaciones pueden superar la capacidad psicológica y emocional que pueden tener los niños según su edad. Si notas síntomas emocionales o conductas disruptivas que se prolongan, un psicólogo infantil puede ayudarte.
¿Qué puedo hacer en casa para ayudar a mi hijo con TDAH?
Hay muchas formas de ayudar a tu hijo desde casa. Algunas recomendaciones eficaces incluyen:
- Establecer rutinas claras y predecibles (hora fija para dormir, deberes, comidas).
- Dar instrucciones breves y concretas, paso a paso.
- Usar refuerzo positivo con elogios o recompensas pequeñas cuando cumple normas o se esfuerza.
- Evitar gritos o castigos severos. En su lugar, emplea consecuencias proporcionales y consistentes.
- Dividir tareas grandes en pequeños pasos y permitir descansos breves entre actividades.
- Evitar la sobrecarga de estímulos: pantallas, desorden, ruido.
- Dedicar tiempo diario a juegos o actividades agradables juntos, para fortalecer el vínculo y reducir el estrés.
La paciencia, el cariño y la coherencia son claves en el acompañamiento familiar.
¿El TDAH mejora con la edad?
Sí, en muchos casos el TDAH mejora con el tiempo, especialmente si se recibe tratamiento adecuado. Algunos niños dejan de cumplir los criterios diagnósticos en la adolescencia o edad adulta, mientras que otros pueden seguir presentando dificultades, aunque de forma más leve o distinta. Por ejemplo, la hiperactividad física suele disminuir, pero puede transformarse en inquietud interna o ansiedad. La inatención y la impulsividad pueden persistir, especialmente si no se han adquirido estrategias de autorregulación. El pronóstico es mejor cuando se interviene pronto, se trabaja con la familia y el colegio, y se promueve la autoestima y el aprendizaje de habilidades.
¿Qué resultados puedo esperar si empezamos terapia?
Cada niño es distinto, pero con una intervención adecuada los progresos pueden ser notables. A modo de ejemplo: Juan, de 9 años, acudió al centro porque no podía concentrarse, tenía rabietas diarias y problemas en el colegio. Tras una evaluación, comenzó terapia psicológica con sesiones semanales y entrenamiento para padres. A los dos meses, Juan mostraba mayor capacidad de espera, menos conflictos en casa y mejoría en su rendimiento escolar. A los seis meses, ya organizaba sus tareas mejor, tenía amigos estables y recibía elogios por parte de sus profesores. Este tipo de cambios son habituales cuando se aplica un tratamiento personalizado y se involucra a la familia. El trabajo conjunto entre niño, padres y terapeuta es la clave del éxito.
¿Cuándo ir a un psicólogo infantil?
Los niños tienen emociones, rabietas y comportamientos disruptivos como todos, pero es conveniente ir al psicólogo infantil cuando hay conductas que no son las adecuadas a su edad o las emociones y síntomas de ansiedad, miedo o tristeza se mantienen en el tiempo, o si notas que las conductas son persistentes y provocan problemas con otros niños o problemas académicos. Si tienes dudas de cómo ayudar a tu hijo, puedes pedir cita con un psicólogo infantil, que hará una evaluación de tu caso y te dará las mejores opciones. Si no se interviene, un comportamiento aislado se convierte en un patrón de conducta problemático. También puede haber problemas cuando el niño tiene dificultades para relacionarse con amigos o para aprender; es necesario atajarlas pronto para que no influyan en su desarrollo. En IPSIA los psicólogos infantiles están especializados en psicología infantil, con una formación continua en las técnicas más eficaces.
¿Qué señales pueden indicar que mi hijo necesita ayuda psicológica?
Algunas señales frecuentes que pueden motivar una consulta son:
- Cambios bruscos en el estado de ánimo: tristeza, irritabilidad, apatía.
- Problemas de conducta: desobediencia, agresividad, rabietas desproporcionadas.
- Dificultades en el colegio: bajo rendimiento, falta de atención, rechazo a asistir.
- Miedos intensos o ansiedad por separación.
- Retrocesos en el desarrollo: volver a hacerse pis, hablar como un bebé, etc.
- Aislamiento social o dificultades para relacionarse con otros niños.
- Baja autoestima, inseguridad o frases negativas sobre sí mismo.
- Dificultades en el sueño, la alimentación o la gestión de rutinas.
No es necesario esperar a que el problema sea grave. Cuanto antes se interviene, más fácil es apoyar al niño y evitar que la dificultad se cronifique.
¿Qué hace exactamente un psicólogo infantil?
El psicólogo infantil evalúa y acompaña al niño desde una comprensión integral de su desarrollo emocional, cognitivo y social. Su objetivo es ayudarle a:
- Comprender y expresar lo que siente.
- Superar bloqueos emocionales.
- Adquirir habilidades para afrontar retos o conflictos.
- Mejorar su adaptación en casa, el colegio y con sus iguales.
Además, asesora a los padres para que puedan acompañar mejor a su hijo, reforzar su autoestima y establecer límites adecuados. En muchos casos, el trabajo con la familia es tan importante como el trabajo con el niño.
¿Cómo es la primera sesión en el centro?
Se recoge información sobre el desarrollo del niño, la historia del problema, el contexto escolar y familiar, y se valoran los objetivos de la consulta. Posteriormente, se acuerda un plan de trabajo que puede incluir:
- Evaluación psicológica o neuropsicológica.
- Sesiones individuales con el niño.
- Orientación a padres.
- Derivación o coordinación con el colegio si es necesario.
Cada caso es único y el enfoque se adapta a la edad, las necesidades y el tipo de dificultad del menor.
¿Cómo se trabaja con los niños en terapia?
El trabajo terapéutico varía según la edad y el motivo de consulta. En los niños pequeños se utilizan principalmente herramientas lúdicas: juego, dibujo, cuentos, títeres, dinámicas emocionales. En niños mayores y adolescentes se pueden aplicar técnicas cognitivo-conductuales, entrenamiento en habilidades sociales, relajación o trabajo con metáforas. En todos los casos, el niño se siente acompañado en un espacio seguro donde puede expresarse sin juicio. El psicólogo establece una alianza de confianza para que el niño pueda hablar, comprender lo que le pasa y desarrollar recursos propios para sentirse mejor.
¿Los padres participan en la terapia?
Sí. La implicación de los padres es clave para que la intervención tenga éxito. En muchas ocasiones se realizan sesiones de orientación familiar en paralelo, donde se ofrecen pautas educativas, estrategias de comunicación y apoyo emocional. El psicólogo acompaña también a los adultos en el proceso de entender y responder mejor a las necesidades de su hijo.
Pide cita con un psicólogo infantil si...
Muchas personas no saben cuándo sus hijos necesitan un especialista; ese punto es individual y subjetivo, pero hay situaciones objetivas en las que un psicólogo infantil mejoraría la vida del niño:
- Está viviendo o ha vivido una crisis importante en la familia: pérdida del trabajo, mudanza, cambio de escuela, muerte de un familiar o allegado, una enfermedad grave, separación de la pareja…
- Tu hijo tiene problemas en la escuela: acoso escolar, fracaso escolar, malos resultados, etc.
- Tu hijo tiene malas relaciones con sus compañeros o sufre acoso escolar.
- Si castigas a tus hijos física y/o emocionalmente.
- Tu hijo utiliza la agresividad contigo.
- Tu hijo es demasiado activo, impulsivo e inquieto: son síntomas de un sistema nervioso muy alterado.
- Tu hijo está deprimido, ha perdido interés por la vida, ha intentado hacerse daño o notas que su salud mental y emocional no son adecuadas.
- Tu hijo es adoptado y te preocupan demasiado los aspectos de la adopción, o a tu hijo le preocupa demasiado este tema.
- La conducta, personalidad y amistades del niño han cambiado de forma drástica.
- No te sientes capaz o con fuerzas, tienes dudas para encarar algún problema o necesitas consejos para mejorar la salud mental y el bienestar de tu hijo.
¿Para qué sirve el programa de evaluación neuropsicológica del TDAH?
Es una herramienta fundamental para comprender en profundidad las dificultades del niño o adolescente con TDAH más allá de lo conductual y emocional. A través de pruebas estandarizadas, entrevistas y observación clínica se obtiene un perfil detallado de sus fortalezas y dificultades, lo que resulta fundamental para orientar el tratamiento y las intervenciones escolares. Si se necesita una evaluación diagnóstica para presentarla en el colegio o a los orientadores, se necesitan 5–6 horas para pasar las pruebas neuropsicológicas adecuadas y oficiales.