En una relación de pareja, el gaslighting es una forma de violencia psicológica en la que una persona manipula la realidad para que la otra dude de lo que ve, de lo que recuerda y de lo que siente. No se trata de una discusión normal ni de “tener versiones distintas”, sino de un patrón repetido: negar hechos, cambiar la historia, minimizar emociones y atacar el criterio de la otra persona (“te lo inventas”, “estás loca”, “exageras”), hasta que acaba pidiendo perdón, justificándose constantemente y necesitando validación externa para fiarse de sí misma. El objetivo final es generar confusión, dependencia y control.
Gaslighting, violencia en la pareja y terapia de pareja
El gaslighting es un tipo de manipulación psicológica en la que una persona consigue que la otra empiece a dudar de sí misma. No es solo mentir, es hacer dudar: poner en cuestión lo que piensas, lo que sientes o lo que recuerdas, hasta que llega un punto en el que ya no te fías de tu propio criterio. La idea es generar confusión y dependencia.
En violencia de género y en la pareja, suele aparecer dentro de un patrón de control más grande, que suele incluir aislamiento, vigilancia, castigos, cambios de reglas, culpabilización y alternancia entre momentos de cariño y momentos de desprecio.
El agresor niega hechos que han pasado de forma evidente y cambia la historia para que le encaje, hasta que la otra persona empieza a dudar incluso de lo que recuerda.
Usa la confusión como forma de control: cambia versiones, mezcla verdades con mentiras, y un día dice una cosa y al siguiente la contraria. Ataca a su salud mental y a su memoria con frases como: “estás loca”, “te inventas cosas”, “no te acuerdas bien”.
Busca aliados para reforzar su versión, soltando cosas como “todo el mundo piensa que exageras” o “nadie te da la razón.
Si la otra persona cuestiona algo, aparecen silencios, frialdad, enfados o retirada de cariño.
Uno le da la vuelta a todo, hasta que al final la otra persona termina pidiendo perdón por algo que no ha hecho.
Alterna cercanía con momentos de rechazo, creando un sube y baja emocional que genera dependencia.
En una relación de pareja, el gaslighting es una forma de violencia psicológica en la que una persona manipula la realidad para que la otra dude de lo que ve, de lo que recuerda y de lo que siente. No se trata de una discusión normal ni de “tener versiones distintas”, sino de un patrón repetido: negar hechos, cambiar la historia, minimizar emociones y atacar el criterio de la otra persona (“te lo inventas”, “estás loca”, “exageras”), hasta que acaba pidiendo perdón, justificándose constantemente y necesitando validación externa para fiarse de sí misma. El objetivo final es generar confusión, dependencia y control.
Consecuencias en la persona que lo sufre:
Ansiedad anticipatoria y esa sensación constante de que cualquier cosa puede acabar en conflicto.
Rumiación: la necesidad de repasar conversaciones y situaciones una y otra vez para intentar entender “qué pasó de verdad”.
Surge una duda continua sobre una misma, con dificultad para tomar decisiones y una necesidad fuerte de validación externa.
Se pierde confianza en la propia memoria y en la intuición, lo que aumenta la inseguridad y la dependencia.
Aparecen tristeza, vergüenza y culpa, con la sensación de no ser capaz.
Pueden aparecer síntomas como recuerdos intrusivos, hiperalerta, evitación, desconexión emocional o bloqueos.
El malestar también se nota en el cuerpo: tensión mandibular, problemas digestivos, dolores de cabeza, insomnio o cansancio constante.
Y suele haber aislamiento social: se van dejando hobbies, amistades y proyectos personales.
Por qué la confusión es esperable
En estrés crónico, la atención se estrecha y la memoria se vuelve menos nítida en detalles. Si además hay freeze, silencio punitivo o amenazas, el cerebro prioriza supervivencia, no precisión. Por eso aparecen lagunas, dudas y rumiación. No es “estar loca”: es un sistema nervioso en amenaza sostenida.
Gaslighting no es lo mismo que discutir o recordar distinto.
En una discusión normal, dos personas pueden tener percepciones diferentes y aun así hay espacio para contrastar, pedir perdón, reparar y aceptar matices. En el gaslighting, el objetivo no es entenderse: es desestabilizar el criterio de la otra persona para que deje de fiarse de sí misma. La clave no es un episodio aislado, sino un patrón repetido.
Objetivos
Que la persona vuelva a sentirse segura y que recupere la confianza en sí misma.
Ayudarla a entender lo que ha vivido.
Reducir culpa y vergüenza.
Aprender a poner límites sin sentirse mal por hacerlo.
Reforzar su red de apoyo.
Ayudarla a detectar señales de alerta a tiempo.
Presentación del caso
Paciente: Paula, 33 años. Trabaja en administración y vive en Madrid. Lleva 6 años en una relación de pareja con Javier, de 36 años.
Paula consulta por ansiedad, insomnio, pérdida de apetito y sensación de confusión. Dice: “Dudo de todo”. Cuenta que tienen discusiones continuas y que muchas veces acaba pidiendo perdón, sin tener claro qué ha hecho mal.
Al inicio de la relación, Paula describe a Javier como alguien encantador. Con el tiempo empieza a aparecer control: comentarios sobre cómo viste, críticas hacia sus amistades, “bromas” que la dejan mal delante de otras personas y reproches por “no saber querer”.
Desde hace aproximadamente dos años, empeora. Javier revisa su móvil, la acusa de infidelidad, le reprocha pasar tiempo con su familia o con amigas y, cuando hay un desacuerdo, responde con silencios que pueden durar días. Paula empieza a vivir controlando cada paso, intentando no provocar enfados.
Paula no refiere agresiones físicas, pero sí agresión verbal: subidas de tono, gestos iracundos y frases amenazantes como “te vas a arrepentir”. En varias ocasiones, Javier le repite que “está mal” y que “necesita terapia” porque “se monta películas”.
Él se muestra encantador con otras personas. Esto aumenta la confusión de Paula, que empieza a dudar de sí misma y a pensar que quizá el problema es suyo: “si todo el mundo lo ve tan bueno, igual soy yo la que exagera”.
Síntomas actuales:
Paula presenta ansiedad a lo largo del día y preocupación constante. Le cuesta mucho desconectar.
También tiene dificultades para dormir: le cuesta conciliar el sueño y, si se despierta por la noche, aparece la rumiación y le cuesta mucho volver a descansar.
Dice tener problemas de concentración y pequeños olvidos que antes no tenía.
A nivel emocional se siente triste, con sensación de vacío y con menos interés por cosas que antes disfrutaba.
Su autoestima ha ido bajando con el tiempo y cada vez confía menos en su capacidad para afrontar situaciones.
Además, aparecen síntomas típicos del trauma relacional: vive en alerta, se sobresalta con facilidad, evita ciertos temas para no generar conflicto y, en discusiones, se desconecta emocionalmente como forma de protegerse.
Se suman las conductas de comprobación: relee conversaciones, repasa escenas una y otra vez y pide a amigas que confirmen si lo que ella percibe “tiene sentido”, buscando seguridad externa.
Aspectos para valorar en la evaluación inicial
Confirmar si existe control y gaslighting, con ejemplos concretos de situaciones del día a día.
Valorar el nivel de riesgo: presencia de amenazas, control del dinero, escaladas de conflicto, celos, control de movimientos, consumo de sustancias, acceso a objetos peligrosos, violencia hacia los animales de la familia o conductas de acoso tras una posible ruptura.
Explorar ansiedad, depresión, trauma relacional y disociación.
Identificar con qué apoyos cuenta Paula y en qué áreas se ha ido quedando aislada.
Detectar barreras internas que pueden dificultar salir de la relación, como culpa, vergüenza, miedo, lealtades afectivas, dependencia emocional o económica.
Marco terapéutico
Cuando hay violencia de género, estamos ante una relación de poder desigual. Se debe validar lo vivido, hablar del control y cuidar la seguridad, sin presionarla para que no tome decisiones antes de tiempo.
No se debe confrontar directamente al agresor, ni sugerir terapia de pareja, ni poner el foco en que ella “explique mejor” lo que le pasa para que él la entienda, ya que no es un problema de mala comunicación.
Paula necesita saber desde el principio para qué es la terapia y qué pasos se seguirán si aparece una situación de riesgo. Y, se debe comprobar si él controla el móvil, el correo o su calendario, para que el proceso no aumente el peligro.
Plan de intervención en 12 sesiones
Fase 1. Sentirse segura (sesiones 1 a 3)
Fase 2. Volver a fiarse de sí misma (sesiones 4 a 6)
Fase 3. Revalorizarse (sesiones 7 a 9)
Fase 4. Cerrar y cuidarse a largo plazo (sesiones 10 a 12)
Desarrollo de la intervención
Sesión 1. Crear un lugar seguro
Desarrollo de la sesión
Se empieza creando alianza terapéutica, validando lo que le pasa y dejando claro el encuadre. Se coge una discusión reciente y se analiza paso a paso, con calma: qué dijo ella, qué respondió él y en qué momento empezó a dudar de sí misma. Se explica el concepto de gaslighting y se normaliza que, cuando hay estrés mantenido, esto afecte a la memoria y a la atención y que por eso todo se vive con confusión. Se hace una primera diferenciación entre hecho, interpretación y emoción para empezar a reconstruir la realidad poco a poco. También se explora el riesgo y si hay control del móvil o vigilancia, se acuerda cómo comunicarse con seguridad y cómo hacer las tareas sin ponerse en peligro.
Técnicas
Aquí se utiliza una entrevista clínica centrada en control coercitivo y gaslighting. Se deja claro que el gaslighting es un desgaste progresivo del criterio interno y que por eso ella se siente tan confundida. Después se trabaja con la línea hecho-interpretación-emoción-conducta para ordenar lo que pasó sin hacerse un lío, separando lo que ocurrió objetivamente de lo que se activó por dentro y de cómo terminó reaccionando. Se hace un chequeo de riesgo y un primer borrador de plan de seguridad, aunque sea muy básico y se cierra la sesión con un grounding sencillo para bajar la activación y que el cuerpo salga un poco más estable. Además, se introduce el contrato explícito de realidad: se dice de forma explícita que en este espacio vamos a ir observando juntas la realidad, no la versión de él ni la duda de ella. También se trabaja la escucha de las incongruencias somáticas: cuando ella cuenta algo y el cuerpo responde de otra manera (se le corta la respiración, se tensa, se queda rígida). Y se hace una externalización del fenómeno, nombrando el gaslighting como algo externo, para reducir la idea de estoy loca o yo soy el problema.
Observaciones clínicas
Observar si se disculpa de forma automática mientras narra lo ocurrido. Observar microseñales de congelamiento, como la mirada fija, la voz más baja o la confusión repentina. Observar si pide confirmación constante de que “lo que dice tiene sentido”. Notar si aparece miedo a que él descubra que está en terapia.
Tareas entre sesiones
Registrar un solo episodio: el hecho, qué se dijo, qué pensó, qué sintió en el cuerpo y qué hizo después.
Practicar una técnica de grounding de dos minutos al día, especialmente antes de dormir.
Sesión 2. Mapa del patrón de control y primeras grietas en la duda
Desarrollo de la sesión
Se revisa el registro que ha traído y se localizan los momentos exactos en los que aparece la duda. A partir de ahí, se construye un mapa del patrón que se repite: qué lo dispara, qué táctica usa él, cómo reacciona el cuerpo de ella, qué hace ella para intentar arreglarlo y cuál acaba siendo el resultado. La idea es que pueda ver toda la secuencia como un mecanismo que se activa, no como un fallo suyo. Se trabaja el control coercitivo y se analizan las distintas áreas donde puede estar presente el control: dinero, tiempo, amistades, sexualidad, toma de decisiones, redes sociales. Se introduce la verificación de realidad, diferenciando claramente entre “no estoy segura” y “no pasó”. La duda se trata como un síntoma del gaslighting, no como una prueba de que ella sea poco fiable.
Técnicas
Se realiza un análisis funcional de un episodio concreto usando el esquema ABC y la secuencia de control, para entender el “cómo funciona” el patrón y no quedarse solo en el “qué ocurrió”. Se construye un mapa de áreas de control y aislamiento para que pueda ver de forma clara cómo, poco a poco y casi sin darse cuenta, se ha ido recortando su vida. Se trabaja la reatribución, pasando de una explicación basada en el defecto personal a una basada en táctica relacional, para sacar la culpa: si el objetivo es que ella dude, entonces que dude no significa que esté mal, sino que la táctica está funcionando. Se introduce el trabajo de verificación de realidad, ayudándola a diferenciar la duda de lo ocurrido y a entender que esa confusión no aparece porque ella esté mal, sino por la dinámica que se ha ido creando. Se hace un chequeo de la red de apoyo y se elige una persona segura, porque sin apoyo externo es mucho más fácil que el control se afiance. Después se trabaja el análisis secuencial buscando el punto de no retorno, es decir, el momento exacto en el que la conversación deja de ser un diálogo y pasa a convertirse en control, para que en el futuro pueda cortar antes. También se desmonta el falso diálogo, diferenciando una conversación real de una pseudo-negociación manipulativa, que parece diálogo pero cuya función es dominar. Se construye una hipótesis funcional compartida sobre para qué sirve la duda inducida dentro de la relación, lo que devuelve la idea de “no soy tonta, esto tiene una lógica”. Además, se crea un mapa de tácticas de gaslighting en formato chuleta rápida para poder reconocerlas en caliente y no engancharse:
Observaciones clínicas
Observar si aparece vergüenza al nombrar situaciones de control. Observar resistencia a utilizar la palabra violencia. Observar ambivalencia: quiere irse, pero idealiza las fases buenas. Medir el nivel de culpa por hablar mal de él.
Tareas entre sesiones
Completar un mapa de control, con la idea de identificar en qué temas se autocensura o se adapta por miedo.
Elegir una persona segura y enviar un mensaje neutro de reconexión.
Sesión 3. Seguridad, regulación y plan mínimo de protección
Desarrollo de la sesión
La sesión se centra en seguridad y estabilización. Se revisan las señales de escalada que pueden indicar que la situación se está complicando, como celos, amenazas, control de movimientos, consumo, destrucción de objetos, amenazas con mascotas o acoso digital. A partir de ahí, se elabora un plan de seguridad mínimo, muy ajustado a su realidad y a lo que sí puede hacer ahora mismo. Se trabaja la protección digital, revisando contraseñas, activando la verificación en dos pasos, comprobando dispositivos compartidos y cuidando no dejar rastros de búsquedas si hay vigilancia. También se entrenan recursos de regulación pensados para momentos de discusión o justo después, como la respiración lenta con exhalación larga, la orientación visual, el apoyo somático (presión en el esternón o abrazo mariposa) y un guion de salida segura para poder irse sin entrar en más conflicto.
Técnicas
Se construye un plan de seguridad con señales de alerta, contactos, rutas, documentos importantes y pasos muy concretos, porque cuando hay mucho estrés nadie piensa de forma ordenada. Se trabaja la protección digital básica y los hábitos de privacidad, revisando cosas habituales que suelen poner en riesgo sin darse cuenta, como contraseñas compartidas, sesiones abiertas o dispositivos sincronizados. Se explica la ventana de tolerancia y la titración de la activación para que aprenda a bajar intensidad sin exigirse “calmarse ya”, y se practica la respiración 4-6 junto con grounding orientado a seguridad, como mirar alrededor, ubicar salidas, notar el apoyo de los pies o el contacto con el cuerpo para volver al presente. Se prepara un guion de salida segura y una pausa estratégica, que básicamente consiste en tener pensadas frases y pasos claros para cortar la interacción sin entrar en pelea. Se trabaja que el cuerpo no reaccione como si hubiera peligro cada vez que hay conflicto, para que pueda tolerar la incomodidad sin entrar en ansiedad ni sentir que tiene que arreglar la situación en ese momento. Se crea un anclaje somático de salida, asociando una postura o un gesto corporal a la decisión de irse, porque el cuerpo suele aprender antes que la cabeza. Y se hace un ensayo de escenarios mediante visualización, cortándola antes de que desborde, para que el sistema nervioso tenga práctica y no sea la primera vez cuando ocurra en la realidad.
Observaciones clínicas
Observar si minimiza el riesgo por miedo a exagerar. Observar el miedo a “hacerlo peor” si pone límites. Observar si cuenta con recursos económicos y logísticos para moverse con rapidez en caso de urgencia.
Tareas entre sesiones
Guardar en un lugar seguro, o memorizar, dos teléfonos de emergencia y el contacto de una persona de confianza. Preparar una frase código con alguien cercano para poder pedir ayuda sin dar explicaciones.
Practicar dos veces el guion de salida segura, en voz baja y a solas, para que el cuerpo lo vaya aprendiendo.
Sesión 4. Memoria bajo estrés y reconstrucción de realidad
Desarrollo de la sesión
En esta sesión se hace psicoeducación sobre cómo funcionan la memoria y la atención cuando hay estrés crónico. Se deja muy claro que no acordarse de detalles no significa inventarse nada. Se explica cómo la hiperactivación y el estado de freeze afectan a cómo se graban los recuerdos y a cómo luego se recuperan, y cómo esto acaba haciendo que la persona se ataque a sí misma con ideas tipo soy tonta o me lo estoy inventando, cuando en realidad lo que hay es un efecto directo de estar mucho tiempo en amenaza.
Se introduce el Diario de Realidad, explicando bien que no es para obsesionarse ni para controlarlo todo, sino para recuperar anclaje. Se trabaja con un episodio concreto y se separa lo que es un hecho verificable de lo que es interpretación, añadiendo una columna de evidencia para aclarar la experiencia.
También se enseña a detectar frases típicas de gaslighting y a responder a nivel interno con una frase ancla que ayude a frenar la duda, como una forma de sostenerse cuando aparece la confusión.
Técnicas
Se realiza psicoeducación neuropsicológica aplicada sobre la memoria bajo amenaza, para que entienda que el estrés sostenido cambia la forma en la que la información se registra y se recuerda y que los vacíos no son una prueba de locura. Se inicia el Diario de Realidad incluyendo hecho, emoción, pensamiento, evidencia y necesidad, para que no se quede solo en lo que pasó, sino también en qué necesita ella en esa situación. Se trabaja la identificación de frases de gaslighting como te lo inventas, estás loca o siempre exageras y se entrena una respuesta interna ancla para cortar el autoataque. Para la rumiación se utiliza desfusión cognitiva, ayudándole a notar que la mente está repitiendo la misma historia. Se refuerza contrastar la realidad en espacios seguros como una persona fiable, sus registros o la terapia, y no en él ni en una búsqueda infinita de pruebas. Se realiza reconstrucción episódica asistida, reconstruyendo una escena para cubrir vacíos generados por el estrés, no con la idea de recordar perfecto, sino de recuperar coherencia en la historia. Se trabaja la desactivación del auto-interrogatorio, cambiando el modo juicio por una observación más descriptiva y compasiva, sin machacarse. Y se entrena la tolerancia a la ambigüedad, ayudándole a aceptar no recordar todo sin concluir automáticamente estoy loca.
Observaciones clínicas
Observar si el Diario de Realidad le aumenta la ansiedad y si ocurre, ajustar el formato a uno más mínimo. Observar si aparece disociación al narrar escenas y, si aparece, volver a regulación y al presente.
Tareas entre sesiones
Realizar el Diario de Realidad solo durante tres días, con una situación al día y un máximo de cinco minutos.
Elegir una frase ancla y repetirla cuando aparezca la duda, sin entrar a discutir con la mente.
Sesión 5. Culpa, vergüenza y trampa de la responsabilidad
Desarrollo de la sesión
Hoy vemos la culpa típica en violencia psicológica: culpa por enfadarte, por poner límites, por dudar, por hablar, por existir. Diferenciamos entre la culpa sana: cuando de verdad has hecho daño y pides perdón y la culpa manipulada: cuando te fabrican culpa para controlarte. Es decir, no es que hayas hecho algo malo, es que a la otra persona le viene bien que te sientas mala persona.
También trabajamos la vergüenza, que suele ir con frases internas tipo soy tonta o me lo merezco. Y lo miramos de manera compasiva: lo que pasó no define tu valor. Analizamos el contexto (refuerzo intermitente, aislamiento y desgaste) para que no se lea como yo soy el problema, sino como me hicieron un lío la cabeza a base de presión y confusión.
Luego hacemos reatribución de responsabilidad: quién hace qué, quién elige qué, qué parte es tuya y qué parte no lo es. Porque una cosa es tu responsabilidad (tus límites, tus decisiones) y otra cargar con amenazas, manipulación o las reacciones del otro.
Técnicas
Psicoeducación culpa sana contra culpa inducida, para que pueda distinguir cuándo la culpa informa y cuándo es un anzuelo de la pareja.
Reatribución y mapa de responsabilidad (conducta propia contra conducta del otro), es decir, repartir la responsabilidad donde toca. La paciente es responsable de sus límites y decisiones, no de las amenazas y manipulaciones del otro.
Trabajo compasivo con carta a sí misma: escrita como si fuera una amiga que la quiere y la comprende. Porque muchas veces esa voz interna compasiva ya no existe y hay que construirla de nuevo.
Reestructuración cognitiva focalizada en autoataque: no se trata de un cambio a un pensamiento positivo naive, es ir eliminando frases del tipo soy tonta y cambiarlas por algo más realista y justo.
Técnica de la silla, trabajando una voz protectora contra una voz crítica. La idea es que la crítica deje de ser la verdad absoluta y pase a ser solo una parte, y que la protectora gane espacio.
Mapa de lealtades invisibles: detectar lealtades que hacen que la culpa se active en automático, haciéndolas conscientes.
Separación culpa–vínculo: entender cómo la culpa funciona como si fuera un pegamento en su relación, para que ésta vaya desapareciendo poco a poco.
Recolocar la vergüenza como emoción inducida: no como un rasgo de la personalidad, sino como el efecto de la invalidación y del aislamiento.
Observaciones clínicas
Ver si intenta justificarle para no sentir vergüenza.
Observar si hay historia previa de invalidación familiar que amplifique el gaslighting.
Tareas entre sesiones
Escribir una carta breve desde la perspectiva de una amiga que la quiere y cree.
Registrar durante la semana dos momentos en los que pida perdón sin haber hecho daño. Traer ejemplos.
Sesión 6. Distorsiones, rumiación y trampa de explicar
Desarrollo de la sesión
Identificamos el bucle de rumiación: repasar conversaciones mil veces para encontrar el argumento perfecto. Vemos que con alguien que manipula, explicar más no arregla, muchas veces lo empeora.
Entrenamos respuestas conductuales. Lo practicamos en role-playing: ella pone un límite, su pareja intenta desviarlo, y ella vuelve a su frase. Vemos dos herramientas: disco rayado y banco de niebla.
Y cerramos con un plan para cortar la rumiación, mediante conductas alternativas como salir, ducharse, llamar a alguien etc.
Técnicas
Analizamos la rumiación como un bucle mantenido por refuerzo negativo: la persona rumia para aliviar la ansiedad, obtiene un alivio momentáneo y, por eso, el cerebro aprende a repetir la conducta aunque a medio plazo resulte agotador.
Se incorporan herramientas para parar el bucle mental: etiquetar el pensamiento, aplicar defusión y cambiar de acción. Se reconoce y nombra el pensamiento y se redirige la atención hacia una conducta de autocuidado.
En paralelo, se entrena poner límites mediante role-playing para que la respuesta fuera de sesión no sea improvisada. Se practica el disco rayado (repetir una frase breve sin entrar al debate) y el banco de niebla (responder sin dar gasolina, evitando confrontar cada provocación). Esto se acompaña de abandonar lo que llamamos tribunales de pruebas: dejar la idea de que hay que demostrar la inocencia con evidencias infinitas, porque alimenta el control.
Para llevar a cabo el cambio, se diseña un plan de corte de rumiación con tres componentes: señal corporal, etiqueta mental y acción alternativa. La intención no es distraer, sino una interrupción del bucle cognitivo, tratándolo como una conducta adictiva en la relación.
Finalmente, se aborda la renuncia a ser comprendida como si fuera un duelo: aceptar que la otra parte no va a comprender, lo cual reduce la necesidad de rumiar para encontrar la frase perfecta. Se trabaja también el silencio activo: no responder, para no perder energía y como autoprotección.
Observaciones clínicas
Ver si el role-playing activa miedo o congelación y ajustar el ritmo.
Observar tendencia a sobreexplicar y a pedir permiso para existir.
Tareas entre sesiones
Elegir una frase de límite y ensayarla dos minutos al día.
Cuando aparezca rumiación, hacer una acción alternativa de cinco minutos y registrar si baja la activación.
Sesión 7. Reconstrucción de identidad y valores fuera del control
Desarrollo de la sesión
En esta sesión se trabaja la pérdida de identidad: qué cosas dejó de hacer y qué partes de sí misma fueron desapareciendo para poder sobrevivir. Se hace un inventario de micro-duelos, o sea, mini pérdidas que al final pesan un montón: amistades, hobbies, trabajo, ropa, espontaneidad… cosas que antes estaban y se fueron borrando.
Después analizamos sus valores. Se plantea como una brújula para salir del control: qué tipo de vida quiero y qué me importa aunque tenga miedo. Con esa brújula se elige una acción pequeña por valor, que sea segura y no la ponga en riesgo.
También se trabaja la diferencia entre amor y dependencia. Se valida la ambivalencia (que puedas sentir cariño y a la vez dudar), sin romantizar el daño. O sea: se puede entender lo que se siente sin justificar lo que hace daño.
Técnicas
Se hace un inventario de pérdidas de identidad que hay que recuperar: se listan las cosas que dejó y se decide qué se puede recuperar poco a poco.
Se trabaja la clarificación de valores para recuperar su autonomía: los valores se usan como brújula. Se pregunta qué tipo de vida quiere y qué le importa aunque tenga miedo, y se usa eso para orientarse cuando la cabeza vuelva al circuito del control.
Con esos valores se crea un plan de microacciones: acciones pequeñas que confirmen la dirección que quiere que su vida tome sin riesgo, como una llamada o un paseo corto con amigas.
Se introduce psicoeducación sobre vínculo traumático y refuerzo intermitente para entender por qué engancha lo que hace daño: esos momentos buenos que aparecen de vez en cuando atrapan, confunden y hacen que cueste muchísimo dejar a la pareja, aunque el resto sea desgaste.
Se usa la técnica narrativa antes de él, con él y después de él para ordenar la historia y ver el cambio con perspectiva. Ayuda a ver qué se fue apagando, cuándo, y qué cosas perdió.
Abordamos su parte superviviente: se legitima la parte adaptativa que aguantó y se protegió. No se busca volver a la de antes, sino que permanezca esa parte sin que gobierne toda la vida, y sin tratarla como si fuera un fallo.
Se entrena la reconstrucción de criterio interno: No se toma como brújula la emoción intensa del momento, sino cosas más estables como coherencia, calma y claridad.
Y se introducen microafirmaciones conductuales: en vez de afirmaciones tipo soy fuerte, se eligen actos pequeños repetidos que demuestran quién es ahora.
Observaciones clínicas
Observar duelo y tristeza profunda y sostener sin empujar decisiones. Observar si hay miedo a quedarse sola como motor de permanencia.
Tareas entre sesiones
Elegir una microacción por valor (retomar una amiga, una clase, un paseo etc.) y hacerla una vez.
Escribir tres frases sobre quién era antes y qué parte quiere recuperar.
Sesión 8. Límites avanzados y negociación con el miedo
Desarrollo de la sesión
En esta sesión se trabajan más a fondo los límites, con una idea muy clara: un límite no es un castigo ni una “venganza”, es una conducta de protección. El problema es que poner límites da miedo, no por el límite en sí, sino por la reacción del otro. Así que se trabaja ese miedo de frente y se monta un plan de límites graduados: empezar por lo más fácil y subir poco a poco.
Luego se practican escenarios concretos, porque es donde se suele caer: cuando él acusa, cuando minimiza, cuando se pone a llorar, cuando amenaza con irse, cuando de repente promete cambiar. En sesión se entrenan respuestas que no se enganchen, en plan frases cortas, cero justificar, y retirar atención cuando hay manipulación. La idea es no entrar al juego, aunque el juego venga envuelto en drama o en “victimismo”.
Y se introduce el concepto de consecuencias: si se repite una conducta en concreto, qué hará ella. No como amenaza que no se cumple, sino con consecuencias realistas y seguras, cosas que de verdad pueda realizar sin ponerse en riesgo.
Técnicas
Se construye una jerarquía de límites: se hace una lista de límites del nivel 1 al 10. Esto sirve para no empezar por el límite más difícil y reventarse, sino ir subiendo con seguridad, como entrenamiento, paso a paso.
Se hace role-playing de tácticas manipulativas y respuestas breves: se ensaya en sesión para que fuera no sea la primera vez. Se practican frases cortas, sin justificar, y se entrena volver al límite aunque él cambie de tema o intente liarla con otra cosa. Es literalmente practicar el me mantengo aunque venga el caos.
Se entrena tolerancia a la incomodidad y al enfado del otro: porque el objetivo no es que él lo entienda, ni que le parezca bien. El objetivo es que ella pueda sostener el malestar sin reparar, sin calmarle, y sin ceder solo por ansiedad.
Se arma un plan de consecuencias realistas: se define qué consecuencia está dispuesta a sostener de verdad si se repite la conducta. Sin ponerse en riesgo y sin prometer cosas que no pueda mantener, porque eso luego se vuelve en contra.
Se trabaja autoprotección somática antes y después de poner límites: regular el cuerpo, anclar pies, respirar, y descargar tensión después. Porque poner límites activa amenaza en el cuerpo aunque mentalmente se sepa que es lo correcto, y si el cuerpo va en modo alarma, es más fácil que se ceda.
Se hace exposición al enfado del otro: tolerar explícitamente que el otro esté molesto sin correr a arreglarlo. Esto es clave porque rompe el circuito de sumisión (ese impulso de “vale, vale, lo arreglo y así se calma”).
Se entrena “límite como información, no negociación”: decir el límite sin tono explicativo ni emocional, sin defenderlo, como si fuera un dato. Tipo “esto no lo acepto”. Punto. No se abre debate.
Y se hace análisis post-límite: se revisa qué pasó en ella después (culpa, ansiedad, orgullo, claridad), más que la reacción de él. Para que el foco vuelva al self y no a la validación externa, que es donde se suele enganchar todo.
Observaciones clínicas
Observar si la paciente se desregula al imaginar consecuencias.
Observar el patrón de ceder para que vuelva la calma.
Frases cortas para límites (guiones)
“Ahora no voy a hablar de esto. Lo hablamos cuando estemos tranquilos”.
“Si me hablas así, corto la conversación”.
“No voy a justificarme”.
“Esto no lo discuto. Ya está decidido”.
“Entiendo que estés enfadado. Mi respuesta sigue siendo no”.
“Si sigues, me voy un rato”.
“Te escucho cuando me hables con respeto”.
“Puede ser”.
“Ya”.
“Lo siento si lo ves así”.
“Voy a pensarlo y te digo”.
“Hoy no lo decido. Mañana lo miro con calma”.
“No me quedo en esta conversación si hay insultos o amenazas”.
“No voy a hablar de esto por mensajes. En persona y con calma, o no”.
“No es negociable para mí”.
“Ahora me priorizo. Luego hablamos”.
Tareas entre sesiones
Aplicar un límite de nivel bajo en un contexto seguro (no necesariamente con él) y registrar cómo se sintió.
Preparar por escrito dos consecuencias realistas que estaría dispuesta a sostener.
Sesión 9. Red de apoyo, aislamiento y recuperación social
Desarrollo de la sesión
En esta sesión se mira la red real: quién suma de verdad, quién complica, y qué apoyos formales existen. Se trabaja el aislamiento como parte del control, no como forma de ser de la persona. A muchas personas les van recortando el mundo poco a poco hasta que se quedan solas y dudando de todo.
Luego se practica una conversación difícil: cómo contárselo a una amiga sin morirse de vergüenza. Porque una cosa es querer pedir ayuda y otra que te salga la voz o que te dé pánico que te juzguen. Se entrena pedir ayuda de forma concreta, para que no quede en estoy fatal y ya, sino en algo que la otra persona pueda hacer.
Y también se revisa si conviene derivación o coordinación con recursos especializados, según el caso: servicios municipales, centros de atención a violencia, asesoría jurídica… y cómo hacerlo sin exponerse de más.
Técnicas
Se hace un mapa de red de confianza para que quede clarísimo quién es “persona segura”, quién es “neutro” y quién, aunque quiera, complica o minimiza. Es como ponerle nombres al mapa para no ir a ciegas.
Se entrena pedir ayuda: no “estoy mal”, sino necesito que hagas X. Por ejemplo: hablar diez minutos, acompañarme, guardar un código, estar disponible si llamo. Cosas específicas, que se puedan cumplir.
Se hace psicoeducación sobre el aislamiento como táctica: para quitarse el “soy rara/antisocial” y poner “me han ido recortando el mundo”. Eso cambia muchísimo cómo se entiende lo que pasa.
Se crea un plan de apoyos formales: recursos municipales, centros especializados, asesoría jurídica, y cómo coordinar sin exposición. La idea es que exista apoyo real, pero sin aumentar riesgo.
Se trabaja protección de información y límites con terceras personas: qué contar, a quién, por qué canal y cómo. Tanto para no aumentar riesgo como para evitar fugas de información (gente que lo cuenta sin querer, chats que se ven, etc.).
Se hace desaprendizaje del secreto protector: ver cómo guardar el secreto sostenía la relación, y cómo soltarlo da ansiedad al principio, pero devuelve realidad y apoyo. O sea, dejar de “proteger” con el silencio algo que en realidad está dañando.
Se practica un ensayo de narrativa breve no justificativa: contar lo que pasa sin disculparse ni explicar de más. Porque explicar de más muchas veces es otra trampa del gaslighting: te engancha a defenderte y a demostrar cosas como si estuvieras en un juicio.
Y se hace evaluación de apoyos ambivalentes: identificar a la gente que, sin querer, refuerza la duda (“bueno, igual exageras”, “pero él te quiere”) y poner límites también ahí, porque si no, te dejan otra vez en el mismo sitio y no avanza.
Observaciones clínicas
Observar miedo a no ser creída. Observar lealtad hacia él y miedo a “destrozarle la vida”. Observar si hay familiares que minimizan.
Tareas entre sesiones
Contactar con una persona segura y contar una versión breve y clara de lo que se vive.
Actualizar el plan de seguridad con esa persona: código, disponibilidad y qué hacer si ella llama.
Sesión 10. Decisión, ambivalencia y duelo relacional
Desarrollo de la sesión
En esta sesión se deja espacio para la ambivalencia sin presionar a nadie. O sea, se acepta que se puede estar en modo quiero irme y me da miedo irme a la vez, y que no hay que decidir ya mismo para que sea válido. Se trabaja con un balance decisional: qué cosas sostienen quedarse, qué cosas sostienen irse y qué costes tiene cada opción, sin juicio y sin empujar a toma una decisión ya.
También se trabaja el duelo de la relación ideal: la versión de él que ella creyó que era y la historia que quería vivir. Se pone sobre la mesa que duele despedirse no solo de la relación real, sino del proyecto de vida. Y se diferencia esperanza realista (basada en conductas sostenidas) de esperanza adictiva (basada en promesas y migajas).
Y se refuerza la agencia: incluso si ahora no se va, puede tomar decisiones de protección hoy. Porque no es todo o nada; hay cosas que se pueden hacer ya para bajar el riesgo y el desgaste.
Técnicas
Se hace un balance decisional y clarificación de costes para poner sobre la mesa, con calma, qué gana y qué pierde en cada opción (quedarse o irse) y cuánto le está costando a nivel cuerpo, mente, red, trabajo e identidad. La clave es verlo escrito y claro, no solo “sensaciones” mezcladas.
Se trabaja el duelo narrativo de la relación ideal: se le da espacio a despedirse de lo que esperaba que fuera. Sin convertirlo en drama, pero sí poniéndole nombre a esa pérdida, porque si no se nombra, no se olvida, se continúa intentando arreglarlo.
Se incluye psicoeducación del ciclo promesa-cambio-recaída para entender por qué engancha tanto cuando después de una crisis aparecen promesas, gestos bonitos o ahora sí. Y cómo eso muchas veces no es un cambio real, sino parte del ciclo que vuelve a enganchar.
Se entrenan decisiones pequeñas de protección: micro-decisiones concretas que bajen riesgo y desgaste ya mismo aunque todavía no exista “la decisión grande”. Por ejemplo: no discutir de noche, salir de la habitación, cortar la conversación cuando empieza el control.
Se practica compasión firme: validar el dolor y la duda sin justificar lo injustificable. En plan “te entiendo” sin caer en “pero él también…”, porque eso suele volver a poner el foco en él.
Se hace trabajo con la parte que aún espera: no se confronta ni se humilla esa parte, se escucha. Porque muchas veces esa parte sostiene la permanencia más que el miedo. Se entiende qué necesita y qué teme, para que no lleve el volante sin que nadie se entere.
Se trabaja duelo sin cierre externo: aceptar que probablemente no habrá reconocimiento ni reparación por su parte, y que aun así ella puede cerrar por dentro. Esto es central para no quedarse atrapada esperando “que lo admita” o “que se disculpe”.
Se normaliza decisión como proceso, no como evento: decidir no es un momento épico tipo película, es una serie de micro-movimientos protectores que se van acumulando y te van sacando del agujero.
Y se pacta una regla clínica: decisiones grandes no se toman en las 48 horas posteriores a una fase de encanto intensa. Se espera para decidir con la cabeza más clara, porque en ese pico es muy fácil engancharse a la promesa.
Observaciones clínicas
Observar riesgo de engancharse a promesas tras una sesión intensa. Observar culpa anticipatoria por “hacerle daño” al irse.
Tareas entre sesiones
Escribir dos columnas: lo que deseo en una relación y lo que estoy viviendo hoy.
Hacer una decisión pequeña de protección esta semana (ej.: dormir en otra habitación, no discutir de noche, salir a caminar).
Sesión 11. Prevención de recaídas y plan de mantenimiento
Desarrollo de la sesión
En esta sesión se aprende a detectar “lo típico” cuando el gaslighting vuelve, pero en forma sutil: cambios pequeños, bromas con veneno, minimización, aislamiento, promesas que suenan genial pero luego no hay acciones. La idea es pillar el inicio, no cuando ya está todo ardiendo. Por eso se define un plan de acción escalonado, en plan “qué hago si pasa A, qué hago si pasa B, qué hago si pasa C”, para no quedarse paralizada.
Luego se consolidan herramientas que ya se han ido trabajando: un diario de realidad mínimo, frases ancla, límites y red. Con eso se prepara un “kit” de crisis: qué hacer en los primeros 30 minutos, en 24 horas y en una semana, porque cuando se está en crisis no se puede improvisar ni pensar claro.
También se trabajan escenarios posibles: ruptura, contacto cero, acoso post-ruptura… y cómo protegerse tanto emocionalmente como a nivel digital, porque ahí también se juega parte del control.
Técnicas
Se hace identificación de señales y plan: se elabora una lista de señales pequeñas y se decide qué acción toca en cada nivel. La idea es no esperar a “estar fatal” para reaccionar, sino actuar cuando todavía es manejable.
Se construye un kit de crisis con guiones preparados: qué decir, a quién llamar, y qué hacer con el cuerpo y con la mente en ventanas de 30 minutos, 24 horas y una semana. Porque en crisis la cabeza no funciona igual y tenerlo preparado salva.
Se trabaja prevención de recaídas en refuerzo intermitente: entender que los “picos buenos” reenganchan muchísimo, y preparar cómo responder cuando aparezcan migajas, promesas o cuando de repente “vuelve a ser encantador”. No porque sea magia, sino porque eso forma parte del patrón.
Se arma un plan de protección digital y de contacto: contraseñas, verificación, canales seguros, bloqueo o contacto cero si procede, y cómo reducir exposición si hay riesgo de acoso. Aquí se baja a cosas concretas, no solo “ten cuidado”.
Y se refuerza autoestima: realizar acciones que sostienen identidad (rutinas, gente, límites, actividades) para que la estabilidad dependa menos de lo que él haga y más de lo que ella elige y mantiene.
Dentro del plan escalonado se mete también la regla de las 48 horas: si ha habido una fase de encanto intensa, se posponen decisiones grandes y se vuelve al kit y a la red antes de decidir. Porque justo ahí es cuando más fácil es volver a engancharse.
Observaciones clínicas
Observar si la paciente se siente culpable por poner contacto cero. Observar si hay riesgo de stalking (acoso persistente) o retaliación (represalia).
Tareas entre sesiones
Redactar su plan de prevención en una página: señales, acciones, personas y frases.
Practicar una conversación de límites con alguien seguro (role-playing fuera de sesión) o escribirla.
Sesión 12. Cierre, integración y continuidad
Desarrollo de la sesión
En esta sesión se revisa el camino entero, como con zoom out: venir de la confusión total y terminar con un mapa claro de lo que pasaba. Se refuerza muchísimo el cambio en criterio interno: qué señales usa ahora para darse cuenta de “me estoy traicionando”.
También se integra lo aprendido como una narrativa personal que no la destroce por dentro. No es que me pasó porque soy tonta es que me pasó porque hubo control y yo me adapté para sobrevivir. Se refuerza orgullo sano y autocompasión: orgullo por haber salido de la situación y por haber aprendido y compasión por la parte que aguantó cuando no sabía ni por dónde empezar.
Y se planifica continuidad: si tiene sentido, seguimiento espaciado, si no, derivación a recursos especializados. Se deja acordado cómo sabrá que necesita volver, para que no tenga que esperar a estar fatal.
Técnicas
Se hace revisión de logros y consolidación de habilidades: se repasa qué herramientas le han funcionado, en qué momentos, y qué señales usa ahora para decidir sin volver a entrar en el bucle de duda.
Se trabaja una narrativa de supervivencia y crecimiento post-trauma: se integra lo vivido como adaptación a un contexto de control, no como un defecto personal.
Se crea un plan de continuidad y señales de recaída: cómo seguir cuidándose, cuándo pedir ayuda otra vez y qué señales serían banderas rojas para volver a terapia o activar recursos. La idea es que quede claro y accionable.
Se hace un ritual de cierre terapéutico para marcar el final de etapa de forma simbólica: algo simple, con sentido.
Se escribe una carta a futuro: “qué no volveré a negociar”, para que el nuevo estándar quede por escrito y no dependa del estado emocional del día.
Se trabaja integración sin idealización: cerrar sin convertirlo en épica ni en victimismo. Una narrativa sobria y sólida: pasó lo que pasó, tuvo impacto y ahora hay un plan y un criterio.
Se hace un ritual de devolución del criterio: se simboliza que la capacidad de decidir vuelve a ella.
Y se usa proyección preventiva: imaginar una futura señal de alerta y verse respondiendo distinto, para consolidar el aprendizaje y hacerlo más automático.
Observaciones clínicas
Observar tristeza de cierre y miedo a quedarse sola con decisiones. Observar si hay idealización final del agresor como defensa.
Tareas entre sesiones
Escribir una carta a su yo de dentro de seis meses: qué quiere recordar y qué límites no quiere volver a cruzar.
Guardar el plan de prevención y compartirlo con una persona segura.
Referencias
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Bellomare, M., Genova, V. G. y Miano, P. (2024). Gaslighting exposure during emerging adulthood: Personality traits and vulnerability paths. International Journal of Psychological Research, 17(1), 29-39.
Bentley, A. y Riutort-Mayol, G. (2023). The association between intimate partner violence type and mental health in migrant women living in Spain: Findings from a cross-sectional study. Frontiers in Public Health, 11, 1307841.
Darke, L., Paterson, H. y van Golde, C. (2025). Gaslighting and memory: The effects of partner-led challenges on recall and self-perception. Memory, 33(7), 828-844.
Fernández-Álvarez, N., Fontanil, M. Y., Juarros-Basterretxea, J. y Alcedo, M. A. (2024). Space for action and mental health of women survivors of psychological intimate partner violence. Anuario de Psicología Jurídica, 34, 57–66.
Klein, W. (2025). A theoretical framework for studying the phenomenon of gaslighting. Personality and Social Psychology Review.
Silva Machado, M. de O. S. (2025). Gaslighting en las relaciones íntimas: Una revisión de alcance. Ciencias Psicológicas, 19(2).
Spear, A. D. (2019). Epistemic dimensions of gaslighting: Peer-disagreement, self-trust, and epistemic injustice. Inquiry: An Interdisciplinary Journal of Philosophy, 66, 1–24.
Tager-Shafrir, T., Szepsenwol, O., Dvir, M. y Zamir, O. (2024). The gaslighting relationship exposure inventory: Reliability and validity in two cultures. Journal of Social and Personal Relationships, 41(10), 3123–3146.
World Health Organization. (2014). Health care for women subjected to intimate partner violence or sexual violence: A clinical handbook.
Análisis funcional del gaslighting en pareja
Conducta problema (definición operativa)
Gaslighting = conjunto de conductas del miembro A (agresor) orientadas a debilitar el criterio del miembro B (víctima) mediante negación, distorsión, minimización y ataque a la memoria/salud mental, con el resultado de que B duda, se justifica, cede o se autocensura.
1) Variables antecedentes (A)
Contextos típicos donde aparece
B expresa una necesidad, un límite o una queja: “Esto me molestó”, “No quiero esto”, “Necesito que…”.
B detecta una incongruencia: “Ayer dijiste otra cosa”, “Eso no encaja”.
B intenta hablar de respeto, fidelidad, control, dinero, horarios, amistades.
Momentos de alta vulnerabilidad: cansancio, embarazo/posparto, estrés laboral, aislamiento, dependencia económica, cambios vitales.
Operaciones motivacionales (MO)
Aumentan el valor de controlar/ganar:
A percibe amenaza a su poder, a su imagen o a su impunidad.
A teme perder control o quedar en evidencia.
A busca evitar consecuencias (pedir perdón real, cambiar conducta, responsabilidad).
2) Conductas de A (B de “Behavior” del agresor)
Topografía (qué hace exactamente)
Negación: “Eso no pasó”.
Contradicción: “Te lo has inventado / lo entendiste mal”.
Cambio de versión: hoy dice X, mañana Y.
Minimización: “No es para tanto / qué exagerada”.
Inversión de culpa: “Mira lo que me haces / al final la mala eres tú”.
Ataque al criterio: “Estás loca / eres inestable / tienes mala memoria”.
Triangulación: “Todo el mundo piensa que exageras”.
Castigo emocional: silencio, frialdad, enfado, retirada de cariño.
Reenganche: fases de encanto, promesas, afecto repentino cuando B cede.
3) Respuestas de B (conductas de la víctima)
Inmediatas y observables
Se justifica y explica más.
Entra en debate de pruebas (releer chats, recordar palabra por palabra).
Se disculpa para cortar conflicto.
Se calla o evita temas (“mejor no lo saco”).
Busca validación externa (“¿tú crees que exagero?”).
Se hipervigila y ajusta conductas para prevenir enfado.
Respuestas fisiológicas/emocionales (relevantes clínicamente)
Activación (ansiedad, taquicardia) o freeze (bloqueo, confusión, desconexión).
Rumiación posterior para “reconstruir la realidad”.
4) Consecuencias (C) y función
Consecuencias inmediatas para A (lo que refuerza su conducta)
Control narrativo: A impone su versión.
Evita responsabilidad: no repara, no cambia, no asume culpa.
Reduce límites: B se retrae o cede.
Obtiene sumisión/acomodación: B adapta conducta para evitar conflicto.
Función principal: mantenimiento de poder y control (control coercitivo).
Consecuencias inmediatas para B (lo que mantiene su conducta, aunque le dañe)
Alivio momentáneo al cortar el conflicto (refuerzo negativo).
Recupera “calma” temporal cuando pide perdón o se calla.
Reduce riesgo percibido de estallido, silencio o amenaza.
Función de la conducta de B: autoprotección a corto plazo (evitar castigo), aunque a largo plazo aumenta dependencia y duda.
5) Mecanismos de aprendizaje implicados (muy conductual)
Refuerzo negativo (B cede → baja tensión inmediata).
Castigo (B cuestiona → silencio, enfado, amenaza).
Refuerzo intermitente (A alterna daño y encanto → engancha y dificulta salida).
Extinción selectiva de la iniciativa: cuando B expresa necesidad, no obtiene reparación, sino ataque; con el tiempo deja de intentarlo.
6) Cadena típica (secuencia)
B plantea algo (límite/queja).
A niega/contradice/minimiza + etiqueta (“loca/exagerada”).
B duda → se explica → intenta probar → se desregula.
A eleva presión o castiga (silencio/frialdad).
B pide perdón o se calla → baja conflicto.
A “vuelve” o actúa normal → el patrón queda reforzado.
7) Predicciones clínicas (para evaluar si es patrón)
Si es gaslighting, se suele observar:
Aumenta la duda de B después de interactuar con A.
B reduce límites con el tiempo.
B desarrolla conductas de comprobación y rumiación.
El patrón aparece especialmente cuando B intenta recuperar autonomía.