Estrés psicológico y social

Estrés

¿Qué es el estrés?

El estrés es un fenómeno muy complejo, originado por la interacción de tres grandes grupos de factores: los estresantes propios del medio, o factores externos del estrés; los propios de la persona o factores internos del estrés y los factores moduladores, que no están relacionados ni con la inducción ni con la respuesta de estrés, pero que la influyen, condicionan o modifican.

Los factores externos de estrés pueden ser naturales, como el clima y los fenómenos meteorotrópicos: artificiales, como las estructuras arquitectónicas y otros condicionantes del hábitat; sociales, como la densidad de población y las pautas culturales de convivencia; e interpersonales, como la mala calidad de la relación conyugal o la ausencia de un ser querido. En la realidad, los aspectos sociales, culturales y psicológicos están tan imbricados entre sí que ha hecho fortuna el término de estrés psicosocial para su designación conjunta.

Los factores externos de estrés incluyen los mecanismos neurovegetativos, neuroendocrinos e inmunológicos, así como los mecanismos psicológicos de defensa, adaptación y afrontamiento y la reactividad somática, emocional, cognitiva y conductual ante el estrés.

El estrés psicológico

Toda la primera época de estudios sobre el estrés estuvo centrada en las respuestas fisiológicas ante factores externos de tipo físico, lo que Selye llamó “estrés biológico”. Fue Mason el primero en interesarse por la influencia de factores psicológicos en la respuesta de estrés, hasta el punto de acuñar un nuevo término “psicoendocrinología”, para definir el estudio de las interacciones entre fenómenos psicológicos y endocrinos. Pero se descubrió que estas interacciones están mediadas por la conexión del sistema nervioso con el endocrino a través de neuronas especializadas llamadas células neuroendocrinas, porque liberan sustancias de acción hormonal en el torrente circulatorio.

De ahí surge la neuroendocrinología, que estudia el control neuronal de la actividad endocrina y viceversa, la influencia de las hormonas en las funciones cerebrales. De la fusión de la psicoendocrinología y la neuroendocrinología surge, a finales de los años 70, la psiconeuroendocrinología, que es la evolución natural del enfoque de Mason.

La respuesta psicológica del estrés

Se considera que el estrés es psicológico, cuando en su desarrollo ocupa un lugar vital en la operación de factores internos de naturaleza psicológica. Engel, 1962, considera como estrés psicológico todo proceso, causado tanto en el ambiente exterior como en el interior de la persona, que impone un apremio o exigencia sobre el organismo, cuya resolución o manejo requiere el esfuerzo o la actividad del aparato mental, antes de que participe o sea activado ningún otro sistema.

En esta definición se destacan otros aspectos de gran importancia, la capacidad de los procesos psicológicos para inhibir o prevenir la respuesta biológica de estrés y la posibilidad de que los estímulos estresantes sean producidos por el propio individuo.

Sobrecarga

La sobrecarga psicosocial es una exigencia desproporcionada, que actúa de forma continua, que deriva de los procesos de integración de la persona en su entorno humano, y que puede ser contrarrestada durante largo tiempo por los mecanismos de afrontamiento y defensa, sin que se observen grandes efectos a corto plazo.

De alguna manera, es todo lo contrario al trauma. Se trata de una modalidad de estrés crónico, que no destaca ni parece diferenciarse de las condiciones de la vida habitual y que ejerce su acción a largo plazo. Como es difícil de identificar y aún más de medir, la sobrecarga psicosocial ha recibido mucha menos atención que el estrés traumático. Existen pocos instrumentos para su estudio y sus efectos son muchos menos conocidos que los del estrés relacionado con los acontecimientos vitales y los sucesos traumáticos.

Las exigencias planteadas por el entorno humano pueden consistir en relaciones interpersonales y autoestima, interferencias con el proceso de formación y mantenimiento de la identidad personal y todas aquellas discrepancias severas entre la propia experiencia de sí mismo y vivencias alternativas externamente impuestas.

Del mismo modo que el impulso para el estudio del trauma psíquico ha venido siempre de los conflictos bélicos, el campo de batalla favorito del estrés crónico ha sido el ámbito laboral (Rivera, 1977).

El instrumento de medida de sobrecarga psicosocial más conocido es el Inventario de Maslach (1981, 1997), ideado para detectar el síndrome del burnout o de desgaste profesional, desgraciadamente habitual en el medio sanitario, que pretende valorar factores externos relacionados con acontecimientos y estructuras del entorno laboral.

Mediante la aplicación de este instrumento, Pastora Cuevas, 1996, demostró la relación entre clima laboral y psicopatología, así como el efecto sensibilizante del índice de reactividad al estrés y la relativa protección que ofrece el apoyo social.

Los efectos de la sobrecarga psicosocial pueden hacerse notar de manera larvada o brusca, pero siempre después de una larga exposición a factores externos de estrés relativamente estables, a los que la persona parece estar bien adaptado razonablemente.

La evolución larvada se caracteriza por patología inespecífica, morbilidad psiquiátrica menor, sentimientos de desánimo y desesperanza, envejecimiento prematuro, disminución generalizada de la capacidad funcional, etc. El síndrome metabólico, es uno de sus más extendidas expresiones en la sociedad actual.

La evolución brusca se manifiesta, por regla general, después de un periodo más o menos silente de evolución larvada, por aparición repentina de síntomas de sufrimiento, desilusión y agotamiento o, por el contrario, rebelión y rechazo de todas las imposiciones y compromisos sociales hasta entonces aceptados con aparente convicción. Aparte de las importantes alteraciones de la conducta pueden presentarse fracasos psicosomáticos agudos en personas aparentemente sanas hasta ese momento.

La idea de carga alostática desarrollado por McEwen 1998, permite elaborar elegantes explicaciones sobre los efectos patógenos del estrés crónico. El organismo se adapta a la sobrecarga psicosocial mediante cambios persistentes que implican desviaciones importantes y duraderas de sus valores basales, tales como la frecuencia cardíaca, la presión arterial o la secreción de cortisol y otras hormonas.

Esta alteración fisiológica persistente produce un desgaste en órganos diana que no puede ser reparado al mismo ritmo que en condiciones basales óptimas, acabando con su lesión o fracaso y la aparición de condiciones morbosas. A la misma conclusión se llega con el modelo explicativo ofrecido por la Ley General de la Homeostasis, teniendo en cuenta el grado de desviación de una función o constante de sus valores óptimos, el tiempo durante el cual se mantiene esta desviación y la resistencia o tolerancia del organismo a variaciones en esa constante o función.

*Bibliografía “Los síndromes de estrés”, de Luis de Rivera.