Utilidad de la Terapia de Neurofeedback en Adicciones

Neurofeedback

Neurofeedback en adicciones

Hammond (2007), define el neurofeedback como una técnica que entrena habilidades de autorregulación mediante tecnología computarizada. El hardware y el software tienen canales de audio y vídeo para corregir y modificar los patrones de ondas cerebrales irregulares y el flujo sanguíneo ligado con la salud mental o los problemas cognitivos.

La finalidad de este estudio es comprobar la eficacia de esta técnica en el tratamiento de trastornos por abuso de sustancias, para ello se analizaron 9 estudios que han aplicado el neurofeedback en el tratamiento de personas adictas, y los resultados apuntan a una considerable utilidad del neurofeedback, no sólo frente al propio proceso adictivo, sino a alteraciones psicopatológicas habitualmente asociadas, como la ansiedad y la depresión, así como en la prevención de recaídas.

Se precisan ensayos que valoren la rentabilidad de este tipo de tratamiento, así como más estudios controlados aleatorios que investiguen la duración del tratamiento requerido para la abstinencia a largo plazo y la posible combinación con otras intervenciones de adicción.

Biofeedback

La técnica biofeedback es un método que, mediante el uso de un sistema de retroalimentación que informa al paciente del estado de ciertos parámetros físicos, pretende que aprenda a ejercer un control sobre dichos parámetros, lo que se traducirá en una mejora de un síntoma o una conducta del individuo.

Se suelen usar parámetros fisiológicos como la temperatura o conductancia de piel, el tono muscular o la respiración. Son muy numerosos los estudios clínicos controlados en los que el biofeedback ha mostrado su eficiencia en diversos desórdenes orgánicos o comportamentales.

Pero actualmente se ha empezado a usar una clase más sofisticada: el neurofeedback, una forma de entrenamiento en biofeedback que utiliza el registro de la actividad cerebral, mediante alguna técnica de neuroimagen, como la electroencefalografía, aunque también hay algunos profesionales que utilizan la resonancia magnética funcional, como señal para lograr a través del proceso de feedback el control de la propia actividad cerebral.

Ese registro de actividad eléctrica, se utiliza para establecer los factores (voltaje, frecuencia, etc.), bajo los cuales se encuentra el cerebro, cuál es el estado mental ideal, o en casos patológicos cuál es el patrón de interacción neuronal que determina la patología (Menon, 2011).

Así, el neurofeedback puede llegar a ser tanto un tratamiento en casos clínicos, como un entrenamiento de habilidades mentales, como por medio de las llamadas autorregulaciones aprendidas, mediante las cuales el paciente asimila la ejecución del entrenamiento cerebral, de una forma distinta, pues esa conducta particular fue aprendida por él a través del entrenamiento con Neurofeedback del área cerebral estimulada, Fajardo & Guzmán (2016).

En conclusión, neurofeedback está dirigido a la prevención, optimización o rehabilitación de estados alterados de activación cortical.

Por otra parte, según la psicología conductista, el neurofeedback sigue los principios del aprendizaje operante. Deben emparejarse estímulos aversivos o neutros con la conducta no deseada para que ésta se reduzca o, al menos no aumente, y deben condicionarse, o emparejarse, estímulos positivos para el paciente con la conducta deseada para que ésta aumente.

Estas formas de explicar el funcionamiento del neurofeedback no son excluyentes, simplemente son dos formas de explicar el mismo fenómeno, el primero centrándose en los cambios cognitivos y psicofisiológicos y el segundo en la conducta. Para poder realizar esta técnica, se precisa de un conocimiento pleno de cómo funcionan las ondas cerebrales.

Las áreas corticales del cerebro producen ritmos diferentes que se transmiten en forma de ondas, que son observadas como señales desde un registro electrónico o EEG (electroencefalograma). Las ondas cerebrales están ligadas a distintas características fisiológicas y psicológicas, y ocurren en diferentes frecuencias y amplitudes, algunas pueden ser muy lentas y otras muy rápidas.

Para medirlas se emplean ciclos por segundo o Hertz (Hz) (Gruzelier & Egner, 2005). Se debe conocer la descripción y funcionalidad de cada onda cerebral para atribuirle un papel a dicha onda y así posteriormente poder ubicarla en el desarrollo cognitivo de una tarea particular.

La importancia de las ondas cerebrales radica en que estas reflejan la actividad eléctrica del cerebro, que se puede entender como la energía que se emana cuando las neuronas procesan información sensorial, perceptual, motora, experiencial, memoria.

La cantidad de neuronas activadas, la densidad de las estructuras cerebrales, los niveles de excitación cerebral que se producen durante estos procesamientos determinan la actividad eléctrica del cerebro que se traduce en ondas cerebrales (Brown, 1979). Se dividen en: delta, theta, alpha, beta y gamma:

-Delta 1-4 Hz es una onda ligada con el sueño que está presente en los estados de relajación muscular. (Behncke, 2004).

-Theta 4-8 Hz está relacionada con la ansiedad pre-competencia, también con el estado emocional, más exactamente con las emociones positivas (Thompson, Steffert, Ros, Leach & Gruzelier, 2008).

-Alpha 8-12 Hz permite el enfoque, filtrando las distracciones, pensamientos y emociones (Beauchamp, M., Harvey & Beauchamp, P., 2012).

-SMR 12-15 Hz, ritmo sensoriomotor. Es la expresión de la actividad oscilatoria sincronizada, reflejada en la corteza motora sensorial y está asociada con el movimiento del cuerpo y la capacidad de concentración (Gruzelier, Inoue, Smart, Steed & Steffert, 2010).

-Beta 13-30 Hz son las ondas de mayor velocidad, ligadas a estados de vigilia y actividad mental, los estados de alerta y concentración activa. Su estimulación directa puede causar cambios importantes en el estado emocional (Beauchamp et al., 2012).

– Beta I 15-20 Hz son ondas bajas de Beta relacionadas con las habilidades mentales y la medición de CI (Hammond, 2005).

– Beta II 20-30 Hz son ondas altas de Beta, estados alerta, posibles estados de ansiedad (Hammond, 2005).

El Neurofeedback usa el EEG junto con un programa informático que convierte las ondas del cerebro en información visual o auditiva. El técnico configura el programa para que nos premie cuando estamos trabajando en un rango de onda concreto. Estos rangos de onda van de mayor a menor actividad del cerebro.

Una baja actividad predomina cuando nos relajamos o dormimos y, en contraposición, alta actividad cerebral equivale a mayor concentración o estados de actividad mental de alerta.

Hay diferentes maneras de utilizar la información de las ondas cerebrales, según la programación de las frecuencias cuyas amplitudes se pretenden potenciar o inhibir, así como de los tiempos y el tipo de feedback auditivo y visual que recibirá el paciente. Estas distintas formas de usar la técnica se denominan protocolos.

Finalidad del ensayo

El presente ensayo tiene como propósito aportar en la investigación de la prevención, sintomatología y tratamiento de las adicciones. Para ello, explorará la eficiencia del Neurofeedback en el tratamiento específico de trastornos por consumo de sustancias. Se trata de determinar si el Neurofeedback es una terapia adecuada para el tratamiento de las adicciones ya que su uso permitiría abrir el campo para estudiar a profundidad la prevalencia de este problema en nuestra sociedad.

Metodología

Se realizó una revisión sistemática de documentos de entidades científicas dedicadas a la neurociencia, así como de revisiones sistemáticas y estudios científicos.

Análisis de datos

Entre las primeras investigaciones que se hicieron sobre el tema que aquí se trata, cabe destacar las realizadas por Peniston y Kulkosky en los años noventa. Se aportaron datos sobre el uso del neurofeedback en el tratamiento de personas alcohólicas. Diseñaron un protocolo de aplicación de la técnica (Protocolo Peniston), fundamentado en el protocolo alfa-theta, que inspiró investigaciones más actuales.

En un estudio realizado en la Universidad del Norte de Texas, Bodenhamer-Davis y Callaway (2004) replicaron clínicamente el protocolo de neurofeedback de Peniston que se acaba de mencionar, para el tratamiento de la dependencia química.

Realizaron un ensayo clínico con 16 personas químicamente dependientes, diez de ellos en periodo de prueba, por alta probabilidad de rearresto. Dichos participantes completaron un promedio de 31 sesiones de alfatheta biofeedback.

Para valorar el tratamiento se realizó una pre y post evaluación mediante el Inventario de Depresión de Beck (BDI) y el Inventario de Personalidad Multifásico de Minnesota-2 (MMPI-2). Se hizo un seguimiento de las tasas de re-arresto y abstinencia. Los perfiles MMPI-2 para toda la muestra se compararon con la libertad condicional equivalente y los grupos clínicos que no recibieron neurofeedback.

Las puntuaciones de BDI previas al tratamiento para el grupo de neurofeedback fueron indicativas de depresión leve a moderada, tras el tratamiento se redujeron sustancialmente. Se observaron diferencias significativas en siete de las escalas de MMPI-2 entre los períodos de prueba, lo que sugiere menos psicopatología después del tratamiento con neurofeedback.

El seguimiento a largo plazo (74 a 98 meses), indicó que el 81,3%, es decir, 13 de los participantes eran abstinentes. Las tasas de re-arresto y las revocaciones de libertad condicional para el subgrupo de libertad condicional fueron más bajas que las del grupo de comparación de libertad condicional (79.15% versus 40%).

En un propósito de investigación de cuatro años desarrollado por la Southwest Health Technology Foundation (SWHTF), Burkett, Cummins, Dickson y Skolnick (2004), pusieron en marcha un programa de tratamiento con neurofeedback con 270 adictos a al “crack”, en su mayoría sin hogar, en un programa residencial de nueve meses de tratamiento basado en la fe, estos hombres recibieron 30 sesiones de una variante del protocolo de EEGBiofeedback de Peniston.

Las medidas incluyeron medidas psicométricas y de comportamiento. Un seguimiento de un año de 94 de los hombres que completaron el tratamiento indicó que el 95.7% de las personas mantienen una residencia regular; El 93,6% está empleado o asiste a la escuela o se capacita, y el 88,3% no ha tenido arrestos posteriores.

Las puntuaciones de depresión del autoinforme disminuyeron en un 50%, y las de ansiedad se redujeron en un 66%. Aparte, el 53.2% declaró no haber consumido alcohol ni drogas durante el año siguiente, y el 23.4% consumió drogas o alcohol de una a tres veces después de su estancia.

El 23,4% restante informó haber consumido drogas o alcohol más de 20 veces durante el año, esto se corroboró con los análisis de orina. A pesar de todo, estos descubrimientos son significativos ya que las formas convencionales de tratamiento por abuso de sustancias reportan entre un 65-70% de recaídas durante el primer año tras el tratamiento, por lo que en general, estos datos sugieren que la combinación entre la neuroterapia y los programas basados en la fe son efectivos en el tratamiento de la adicción al crack.

En un estudio norteamericano (Scott, Kaiser, Othmer y Sideroff, 2005), mediante asignación aleatoria, compusieron dos grupos de sujetos que se hallaban en tratamiento por trastornos adictivos. La mitad de la muestra (N=121) recibió entre 40 y 50 sesiones de neurofeedback; la otra mitad sirvió como grupo control.

El grupo con neurofeedback incluyó entrenamiento en Beta y SMR para abordar las variables de atención seguidas de un protocolo alfa-theta. Las personas recibieron entre 40 y 50 sesiones de biofeedback. El grupo de control recibió un tiempo adicional en el tratamiento equivalente al tiempo del procedimiento experimental.

La Prueba de Variables de Atención (TOVA), y MMPI, se administraron con el evaluador y el sujeto ciegos en cuanto a la ubicación grupal para lograr datos de referencia imparciales. Se compararon las tasas de retención y abstinencia del tratamiento, así como las medidas psicométricas y cognitivas.

Los pacientes experimentales permanecieron en el tratamiento significativamente más tiempo que el grupo de control. De los pacientes experimentales que completaron el protocolo, el 77% se abstuvo a los 12 meses, en comparación con el 44% de los controles. Los individuos experimentales demostraron una mejora significativa en el TOVA después de un promedio de 13 sesiones beta-SMR.

Después del entrenamiento con alfa-theta, se observaron diferencias significativas en 5 de las 10 escalas MMPI-2. Se concluye que este protocolo mejoró la retención del tratamiento, las variables de atención y las tasas de abstinencia un año después del tratamiento.

Conclusiones

Se han investigado nueve ensayos entre el año 2004 y 2015, muy actuales ya que, en su mayoría, estudios que comparan un grupo control y un grupo de tratamiento con neurofeedback, aunque también se cuenta con un estudio de caso único, y otro por comparativa de imágenes de resonancia magnética funcional que mostró disminución de la actividad en las estructuras relacionadas con el deseo.

En todos los estudios aportados sobre el abuso de diferentes sustancias, se comprueba la eficacia del neurofeedback al menos en algún aspecto, sobre todo se encuentran mejoras en la tasa de recaídas y en algunos rasgos de psicopatología, como son las tasas de estrés, depresión y ansiedad.

Se observan diferencias en los protocolos utilizados, casi que cada uno usa una estrategia diferente de aplicar el neurofeedback. Sería de gran interés unificar los distintos métodos para lograr más eficiencia en este ámbito, aunque esto todavía conllevará un proceso, ya que, al tratarse de una técnica con poco recorrido, existe una necesidad de crear e implementar protocolos que respalden la técnica para cada situación particular, incrementando su uso, tal y cómo afirman Fajardo & Guzmán (2016).

Hay que tener en cuenta que muchos de ellos usan terapias combinadas con farmacología o con otro tipo de tratamientos como el programa basado en la fe del estudio con personas adictas al crack, pero parece que su combinación mejora los resultados de los sujetos participantes.

Aunque aún no se disponga de los suficientes estudios capaces de acreditar la evidencia científica de la eficiencia de la técnica, el neurofeedback se configura como una opción prometedora de cara al futuro como tratamiento en trastornos por abuso de sustancias.

Se necesitan más ensayos que acumulen evidencia sobre el uso clínico de esta técnica, así como estudios que exploren la relación entre costes y eficacia, en comparación con otras intervenciones o en combinación con ellas, como la rehabilitación cognitiva, terapias cognitivo-conductuales o las intervenciones farmacológicas.