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Crisis de ansiedad en niños

Según datos internacionales, en los últimos años ha aumentado el número de niños que asisten a urgencias por padecer una crisis de ansiedad.

Ante una situación así, debemos preguntarnos el motivo por el que en la sociedad actual los niños padecen estos niveles tan altos de ansiedad; esto podría deberse a la aparición de las nuevas tecnologías.

Aparte de esto, los niños pueden tener problemas para expresar sus preocupaciones y por ello reprimen sus emociones.

Si estos sentimientos no se expresan de forma correcta, la salud mental del niño puede dañarse y producirse una crisis de ansiedad.

Características de una crisis de ansiedad

Es la respuesta de nuestro cuerpo ante un peligro, nos ponemos en alarma.

Dicha respuesta es adaptativa, ya que prepara a nuestro cuerpo para defenderse, y nuestro corazón late más rápido bombeando la sangre a nuestros músculos y así disponer de la energía necesaria para huir o luchar contra esa amenaza.

Pero es cierto que, a veces nuestro cuerpo reacciona de esta manera alarmista cuando no hay un peligro real. Esto sería una crisis de ansiedad.

Podemos diferenciar varias características:

  • Se activa nuestro sistema nervioso simpático, el cual se encarga de mandar señales físicas de activación a lo largo de todo nuestro cuerpo.
  • Lo bueno es que no produce problemas en la salud del niño, a pesar de hacerle sentir asustado e inquieto.
  • Las crisis suelen ser breves, duran entre 5 y 20 minutos aproximadamente, aunque el niño sienta que no se termina nunca.

Síntomas de ansiedad en niños

Al igual que los adultos, los niños y adolescentes, pueden manifestar un trastorno de ansiedad.

Pueden precipitar la aparición de este problema diversos sucesos, como el nacimiento de un hermano, el comienzo del colegio, la separación de los padres o la pérdida de un familiar.

La reacción del niño a los síntomas difiere de forma significativa con la ansiedad del adulto, y a pesar de compartir semejanzas.

Pero las consecuencias negativas de la ansiedad infantil pueden afectar mucho más que en la vida adulta, ya que los recursos que tienen un niño para gestionar la ansiedad no están desarrollados en su totalidad.

Determinadas actividades pueden interferir en el proceso de crecimiento y maduración en el que se encuentra el niño.

Las consecuencias pueden manifestarse en el ámbito escolar, social, personal y familiar del niño, y pueden evolucionar hacia patologías más graves.

La ansiedad generalizada es el trastorno de ansiedad más frecuente en la infancia. Otros son problemas concretos a una determinada edad o de hechos muy específicos, como cuando el niño se separa de los padres.

A pesar de que la ansiedad afecta a cada persona de forma distinta, hay una serie de síntomas psicológicos y físicos comunes, que nos pueden ayudar a identificar cuando un niño va a desarrollar una crisis de ansiedad:

  • Problemas para concentrarse
  • Problemas para conciliar el sueño
  • Cambian sus hábitos de alimentación
  • Se enfada o irrita con facilidad
  • Está tenso, nervioso o necesita ir al baño cada poco tiempo
  • Llora más de lo normal y sin una razón aparente
  • Se muestra inseguro y dependiente de ti
  • Se queja de no sentirse bien o de tener dolores de barriga

¿Cómo actuamos ante una crisis de ansiedad en nuestro niño?

En nuestra sociedad actual, los niños se exponen desde que nacen al mundo digital, donde se encuentran con aplicaciones y redes sociales, dando lugar a un ambiente nocivo para un niño, encontrándose en pleno desarrollo y siendo más delicado.

Investigaciones en adolescentes y niños han relacionado las redes sociales con problemas de baja autoestima y bullying, lo que puede elevar los niveles de ansiedad.

Las crisis de ansiedad o ataques de pánico son muy incapacitantes. Se caracterizan por presentar síntomas físicos como dolor de pecho, problemas para respirar, vómitos, mareos, diarreas y temblores.

Los niños no son capaces de expresar sus sentimientos como los adultos, y esto hace más difícil para ellos el no entender lo que les ocurre de manera clara.

Exponemos unas recomendaciones para actuar si tu hijo está sufriendo un ataque de pánico:

  • Mantén siempre el control: recuerda que un niño durante una crisis de ansiedad pierde el control absoluto lo que en sí mismo es agobiante y aterrador.
  • Mantén un tono de voz tranquilo y calma mientras le dices que te encuentras ahí con él y que entiendes cómo se siente.
  • Utiliza palabras apropiadas para su edad a la hora de describir la ansiedad. De esta forma, le estarás transmitiendo confianza, seguridad y contención en medio de esa borrasca emocional.
  • Debes asegurarte de que tu hijo se va sintiendo cada vez más seguro. Usa palabras suaves, nómbrale, coméntale que se va a poner bien, que esto va a pasar pronto y que respire profundamente.
  • Tenemos que recordarle que una crisis de ansiedad siempre termina y que hay que pasarla. Pero hay que intentar no darle excesiva protección porque es necesario que encuentre y desarrolle sus propias tácticas para afrontarlo.
  • Presta mucha atención a los síntomas físicos de la crisis de ansiedad. Convence a tu hijo de que los vómitos, los mareos, temblores y palpitaciones tendrán su fin. Es bueno que sepan que son signos de miedo y no de enfermedad o debilidad.
  • Dale tiempo para tranquilizarse, no lo agobies. Necesita tiempo para recuperarse en su totalidad.
  • Recuerda que, si mantienes la calma durante su crisis de ansiedad, su recuperación será más ágil y rápida.

Cómo actuar con un niño con el sistema nervioso muy activado

Está claro que no todos los niños son iguales y algunos padres pueden sentir recelo de lo “formal” que es el hijo del vecino, mientras que el suyo es un verdadero torbellino.

En esta fase conviene recordar que hay una parte del carácter, que se llama temperamento, que viene de nacimiento y que diferencia a unos niños de otros.

Existe un componente del temperamento que se llama «nivel de actividad». Por eso hay niños muy tranquilos y niños que no se están nunca quietos.

Los niños complicados son aquellos que tienen ritmos biológicos y rutinas diarias irregulares. Les cuesta adaptarse a situaciones diferentes.

  • Si nuestro hijo es de los que no paran un momento, tendremos que ofrecerle distintas oportunidades de moverse.
  • Necesita su espacio, tanto dentro como fuera de casa, y es mejor aminorar las situaciones que le obliguen a estar mucho tiempo quieto, aunque a medida que madure irá logrando un mayor autocontrol.
  • Si los padres somos tranquilos, puede que soportemos peor a un niño hiperactivo, pero hay que pensar que esa actividad y energía que tiene nuestro hijo tendrá sus ventajas según vaya creciendo.
  • Otro rasgo del temperamento es la fuerza de reacción, que es la energía con la que un niño expresa sus emociones. Se aprecia en la intensidad de su risa, de su enfado, rabietas y llanto.
  • Con los niños más potentes, es importante aprender a distinguir cuándo se les ha de confortar porque su angustia está justificada y cuándo ignorarles porque sus arrebatos de rabia son más teatrales.

Conclusiones

En ocasiones, el trastorno de pánico en niños puede ocurrir con agorafobia, un temor agudo a encontrarse en situaciones de las que resulta difícil huir o pedir ayuda.

El trastorno de pánico en la infancia es más habitual en niñas que en niños. En adolescentes, suele comenzar al final de la etapa o a mitad de la treintena, ya en adultos.

Pero como hemos analizado en este artículo, el trastorno de pánico en niños es muy parecido al que pueden sufrir los adultos.

Quizá la diferencia más notable sea la interpretación que de los síntomas puedan hacer unos y otros, así como la mayor o menor presencia de síntomas físicos o cognitivos.

En Ipsia Psicología contamos con expertos en Psicología Infantil que pueden ayudar a tu hijo si presenta estos síntomas.