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Tipos de trauma en la infancia

Se intenta focalizar la atención en la toma de la historia clínica en los sucesos traumáticos de la vida, de todas aquellas personas que determinaron sus síntomas.

Cuando el trauma se trata de un abuso, de tipo sexual, maltrato físico, psicológico, o abandono, y encontramos esto en niños, o que fue efectuado cuando la persona era menor, el tema se agranda.

No solo debemos ocuparnos del trauma sino del trastorno disociativo que esa persona desarrolló, la amnesia del hecho traumático y la estructura social y familiar en la que ese paciente vive en el momento actual.

Disociación es la capacidad para perderse en un ensueño diurno, poder escapar de la dura realidad en una fantasía o un libro. La disociación puede hacer que uno sea diferente o nuestro alrededor cambie.

También es la destreza de escapar de sentimientos y pensamientos no gratos e irse a otro lugar donde uno por lo menos de forma temporal puede olvidar.

En situaciones de dureza extrema, las personas pueden olvidar experiencias de manera total y que, a esa edad o en esas condiciones, serían imposibles de sostener.

La disociación se puede explicar como la separación de cierta información de la conciencia, y si es extrema, puede sentirse como que el proceso sale de control, y toma independencia por sí mismo.

El resultado de ese estado alterado de conciencia es que el niño no codifica la información, asustándolo en los lugares habituales, y cuando quiere recordar, es complicado encontrarla en la memoria.

Es normal que los niños utilicen la disociación como una forma de luchar con la ansiedad extrema, la ira, el miedo, la culpa, especialmente si esas emociones están totalmente prohibidas por los adultos.

Normalmente, los estados de disociación disminuyen con los años, por lo que, si encontramos trastornos de disociación en un adulto, podríamos aducir que este comenzó en alguna fase de su niñez.

Para poder escapar de emociones desagradables, los síntomas disociativos más habituales en los niños son del tipo de mentir, robar, olvidos, tener conductas destructivas e impulsos.

La disociación afecta el pensamiento, la percepción, la conducta, las emociones, la memoria. Pueden aparecer desorientados, como si estuvieran en un trance, fuera de sí mismos (Putnam, 1993).

Si las causas para defenderse son considerables, o el impacto del trauma o pérdida es muy grande, los síntomas disociativos pueden alterarse en trastornos de disociación.

Otros factores implicados en la gravedad del desarrollo son problemas en el apego, factores familiares, cambios biológicos relacionados con el trauma y aprendizaje dependiente del estado del yo.

La sensación de imposibilidad de poder controlar lo que me está ocurriendo es otro de los factores importantes en el trauma.

Como los niños son pequeños, son particularmente sensibles y vulnerables al trauma.

También otras situaciones como pérdida de un familiar cercano, accidentes graves, enfermedades prolongadas, cambios de conducta impredecibles en los padres, caos en la vida cotidiana son traumatizantes porque están totalmente fuera de control de un niño.

El equipo de Ipsia Psicología cuenta con expertos en el tema del trauma, que te ayudarán en lo que necesites.

Signos y síntomas habituales del trauma en la infancia

  • Historia de abusos o de experiencias muy traumáticas.
  • Destrezas y habilidades en el colegio o el deporte desparejas, un día bien y otro completamente diferente.
  • Berrinches o conductas destructivas sin causa o provocación, negación de conductas negativas observadas por otros.
  • Olvidos sin sentido.
  • Sensación de pérdida del tiempo, de lo que hizo horas antes, días, meses o años perdidos en la memoria.
  • Episodios importantes de depresión.
  • Autoagresión.

En ocasiones cuando un niño es enviado a terapia puede no presentar síntomas de abuso, o una gran cantidad de ellos son contradictorios.

Existen diferentes razones para no contar acerca de lo que le ha ocurrido. Es necesario crear una relación de confianza con el psicólogo, y que el niño pueda tener la sensación de seguridad de que el profesional va a saber reaccionar frente a la situación.

La gravedad de la disociación en estos niños, es un indicador de los grandes niveles de ansiedad que sufren, y necesitan de un lugar muy seguro para poder abrirse y confiar.

El otro impedimento es la situación concreta de con quién se encuentra viviendo el niño, si está a salvo y en condiciones de tener una contención no abusiva.

  • Si vive aún con el abusador, puede tener miedo de perder a sus padres o su casa, en el caso de denunciar el abuso.
  • La personalidad que sufre el abuso esta escondida detrás de barreras amnésicas, y son otras las partes que hablan con los psicólogos.
  • Se requiere tiempo, terapia y confianza, para que la información se haga presente en forma de palabras y no de síntomas de ansiedad.
  • El profesional que trabaje con estos pacientes, debe protegerse, ya que el traspaso con estos pacientes es delicado, existen fuertes sensaciones de miedo, confusión, ansiedad, impotencia, bloqueo y agotamiento.
  • Es importante la correcta desensibilización del terapeuta de sus propias situaciones de abuso o maltrato, para no colocarse en roles de abusador, víctima o salvador.
  • Se requiere el manejo de diferentes técnicas terapéuticas como terapias cognitivas, hipnosis y EMDR.

Conclusiones sobre el trauma en la infancia

Hay que luchar con el dolor que conlleva el haber pasado por situaciones traumáticas en la vida.

Se requiere paciencia y tiempo para poder avanzar sobre la amnesia de manera escalonada.

Todos estos procesos deben tener en cuenta la posibilidad de retraumatización del paciente y la reacción familiar frente al recuerdo.

Esta parte puede ser agotadora, atemorizante, extraña y sobre todo el paciente tiene la sensación de ser diferente antes y después. Estos temas hay que abordarlos al final de cada paso y de la terapia.

Los niños y adolescentes tienden a disociar mucho más que los adultos (Putnam, 1993.).