¿Qué es Hematofobia o fobia a la sangre?

Hematofobia

Hematofobia o fobia a la sangre

La hematofobia, o pánico a la sangre, es una fobia que produce mucha disposición, ya que son muchas las personas a las que no les gusta ver sangre, por lo que pueden llegar a plantearse si padecen hematofobia o no.

Lo que entendemos por fobia indica que solo se da en algunos casos en los que los niveles de malestar y estrés están ligados a un tipo de estímulo que causa daño a la calidad de vida de la persona y le impiden realizar actividades cotidianas de una manera natural.

La fobia a la sangre es una alteración psicológica que en numerosas ocasiones es motivo de intervención de un profesional. Esta clase de fobias pueden llegar a ser un problema, pero en la mayoría de los casos los síntomas se pueden paliar hasta el punto en el que casi no estorben en la vida diaria. Pero antes hay que entender qué es.

¿Qué es tener fobia a la sangre?

La hematofobia consiste en tener un miedo a la sangre tal que resulta incapacitante para llevar una vida normal. El miedo ala sangre puede aparecer al verla, pero también al imaginar un pinchazo de vacunación o una simple analítica. Los síntomas tienen que ver tanto con las ideas más básicas relacionadas con la sangre como con las que son algo más imprecisas que guardan relación con ella.

Aparte de esto, la hematofobia se basa en otra inclinación del miedo: el temor a los propios síntomas que producen estas crisis. Es por eso que la fobia a la sangre se fundamenta en parte en el fenómeno del pánico al pánico, característica que comparte con trastornos como la agorafobia.

En consecuencia, el miedo que está detrás de la fobia a la sangre no tiene nada que ver con el dolor físico, sino con la idea de la sangre derramándose. Se trata de un pavor más irracional que otra cosa, ya que de lo que se huye no es de las condiciones que ponen en amenaza nuestra vida o la de alguien, sino de los indicios de estas situaciones elevadamente peligrosas.

Hematofobia o fobia a la sangre

Síntomas

Tener fobia a la sangre termina desembocando en desmayos con mucha frecuencia. El desmayarse no es un síntoma típico de la mayoría de las fobias, donde la tensión sube de forma repentina, los niveles de estrés se elevan y se siente necesidad de abandonar rápido el lugar donde se ha desencadenado el episodio.

Teniendo fobia a la sangre, se produce una bajada violenta de tensión y modificación del ritmo cardíaco que en ocasiones produce desmayos porque no llega suficiente oxígeno al cerebro.

Entre los síntomas típicos de la hematofobia se encuentran los ataques de pánico, desmayos y mareos, náuseas y sensación de un intenso asco.

Hablemos de las causas de la fobia a la sangre

Los motivos por los que aparece la hematofobia no se saben con precisión, pero se ha podido comprobar que si desciendes de una familia en la que alguien padezca de fobia a la sangre es una circunstancia muy intensa a la hora de estimar las probabilidades de que se tengan sucesos fóbicos de este tipo.

Es considerable que la hematofobia se puede desarrollar como resultado de experiencias pasadas, a partir de los recuerdos.

También puede surgir como consecuencia de las costumbres vividas, teniendo en cuenta que suele aparecer en ocasiones desagradables o dolorosas. Por lo tanto, se tiende a asociar este estímulo al daño que produce un accidente, tratamientos de salud, etc.

¿En algún momento es útil la fobia a la sangre?

Se ha llegado a plantear que la fobia a la sangre puede fundamentarse en un mecanismo de supervivencia útil. La repentina bajada de la presión sanguínea hace que en caso de que la sangre brote de heridas propias, se pierda menos cantidad.

Pero es cierto que esta hipótesis no deja de ser más bien una reflexión difícil de comprobar.

Tenemos que aclarar que la principal característica de la fobia a la sangre es que no es útil para nada, sino todo lo contrario. Aunque el desarrollo pudiera haber favorecido la divulgación de ciertos genes relacionados con la hematofobia, las posiciones de vida del ser humano moderno son muy diferentes a las de hace cientos de miles de años.

En nuestra sociedad actual, las vacunas y las analíticas de sangre tienen vital importancia, y el hecho de que cada día nos expongamos a todo tipo de eventos, convierte a la hematofobia en un trastorno que puede llegar a ser muy descalificado.

¿Cómo se puede combatir tener fobia a la sangre?

Hay numerosos tratamientos para enfrentarse a la hematofobia, pero ninguno se basa en una lectura de libros; requiere un acercamiento en vivo y en directo al tema real y a la práctica de ciertos ejercicios bajo la supervisión y el trato personalizado de un profesional.

Entre las herramientas más útiles tenemos las que se utilizan en el proceso de las terapias cognitivo-conductuales, que tienen fundamento en la orientación conductista y ponen énfasis en la desensibilización para que nos acostumbremos a este líquido.

Una de las técnicas más usadas en esta fobia es la exposición gradual al estímulo fóbico, en este caso la sangre. En el curso de varias sesiones, la persona con fobia diagnosticada se expone poco a poco a situaciones que le producen ansiedad.

Otro instrumento es aprender los manuales que se deben seguir de forma mental y de manera secuencial, y que tienen que ver con la implementación de prácticas de relajación y normas de acercamiento a lo que produce miedo.

Soluciones a la Hematofobia o fobia a la sangre

Tener mareos cuando nos realizan extracciones de sangre es algo bastante frecuente, pero no tiene por qué ser síntoma de hematofobia.

La fobia a la sangre puede ser más o menos grave y se presenta de forma más o menos molesta y aguda, pero siempre implica problemas relacionados con el día a día y no tanto con experiencias puntuales.

Sentir fobia a la sangre supone sufrir por problemas relacionados con la evitación de tratamientos médicos y vacunas, evitar la ayuda a personas heridas, en el caso de las mujeres, no poder plantearse la posibilidad de ser madre.

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