Acoso escolar en las escuelas: entender para poder actuar

Acoso escolar en las escuelas: entender para poder actuar

Desde mi rol en la psicología, al mencionar el bullying o acoso escolar, no me refiero simplemente a una pelea ocasional, una broma malintencionada o un desacuerdo puntual entre estudiantes. El acoso escolar es una acción agresiva y deliberada que se repite a lo largo del tiempo, donde hay un desequilibrio de poder, ya sea real o percibido. Este poder puede venir de la fuerza física, la popularidad, la edad, el acceso a información comprometedora o la pertenencia a un grupo dominante.

En mi experiencia, una de las mayores complicaciones es que el acoso no siempre es evidente para los adultos. Puede manifestarse mediante golpes, empujones o amenazas, pero también a través de insultos, risas burlonas, rumores, exclusión social o mensajes degradantes en redes sociales. En ocasiones, el niño no expresa directamente “me están acosando”. Lo que se puede notar es que empieza a dar excusas para no ir a la escuela, aparece con frecuencia sin materiales, su rendimiento escolar disminuye, deja de hablar de sus compañeros o presenta dolores de cabeza y de estómago sin que haya una razón médica clara.

Pensemos, por ejemplo, en Daniel, un chico de once años que empieza a pasar el recreo solo. Algunos de sus compañeros se ríen de su manera de hablar, ocultan su mochila y crean un grupo de mensajería para intercambiar fotos suyas con comentarios despectivos. Cuando Daniel solicita que paren, le dicen que solo es una broma. Sin embargo, esta conducta persiste, Daniel se siente incapaz de defenderse y cada día va a la escuela con miedo. No estamos ante una simple broma entre iguales: estamos ante un caso de acoso escolar.

¿Cuáles son las razones del bullying?

Cuando trabajo en estos casos, procuro no dar explicaciones demasiado simples. No hay una única razón ni un perfil idéntico para todos los niños involucrados. El bullying suele surgir de la combinación de factores personales, familiares, escolares y sociales.

En algunos chicos que hostigan, noto que tienen dificultades para manejar la ira, carecen de empatía, son impulsivos, desean controlar a otros o buscan de manera intensa ser reconocidos dentro de su grupo. Otros han aprendido que ser agresivos les ayuda a obtener respeto. También es posible que el niño que hostiga haya sido en algún momento víctima de violencia, humillación o rechazo. Entender estas situaciones no significa justificar sus actos, sino identificar lo que perpetúa esa conducta para poder cambiarla.

La familia también puede tener un impacto. La exposición a modelos agresivos, una disciplina excesivamente rígida, la falta de supervisión o normas inconsistentes pueden propiciar comportamientos intimidantes. Al mismo tiempo, sería injusto culpar automáticamente a las familias: el acoso escolar es un fenómeno complejo que puede darse en contextos familiares muy variados.

El entorno escolar juega un papel crucial. Cuando las reglas son poco claras, la vigilancia es limitada o las burlas se ven como “cosas de niños”, el acoso encuentra un lugar donde seguir. Los testigos también pueden, sin querer, reforzarlo. Reírse, compartir una publicación o permanecer en silencio por miedo puede dar la impresión al agresor de que tiene el apoyo del grupo.
Finalmente, algunas diferencias pueden ser utilizadas como justificación para el acoso: la apariencia física, el peso, el estilo de vestir, la procedencia cultural, una discapacidad, el rendimiento escolar o cualquier rasgo que el grupo considere diferente. El verdadero problema no radica en esa diferencia, sino en un entorno que permite utilizarla para discriminar y ejercer control.

Consecuencias psicológicas

El efecto del acoso puede ser muy intenso. Los niños que lo padecen enfrentan un mayor riesgo de sufrir ansiedad, depresión, baja autoconfianza, aislamiento, problemas de sueño, somatizaciones y dificultades en sus estudios. También pueden padecer síntomas asociados al estrés postraumático, especialmente si el acoso es severo o se extiende por varios meses.

Por ejemplo, una adolescente podría comenzar a pensar: “Si todos se burlan de mí, debe haber algo malo en mí”. Esa percepción puede deteriorar su autoimagen y llevarle a evitar participar en clase, socializar o asistir a actividades que antes disfrutaba. La falta a la escuela no siempre se debe a desinterés; a veces, es una forma desesperada de intentar escapar de una situación que se percibe como amenazante.

Además, es importante prestar atención tanto a los agresores como a los testigos. Los jóvenes que acosan pueden afianzar comportamientos violentos y tener problemas sociales o de conducta en el futuro. Los observadores pueden sentir miedo, culpa e inseguridad. Los niños que son víctimas y al mismo tiempo acosan a otros son especialmente propensos a enfrentar consecuencias negativas.

Tratamiento e intervención psicológica

A mi juicio, el tratamiento no debe enfocarse únicamente en enseñar al niño agredido a “defenderse”. La culpa de poner fin a la violencia recae en los adultos y en la institución educativa. La intervención debe centrarse en proteger a la víctima, trabajar con el agresor, movilizar a los compañeros y coordinar con la familia, la escuela y los profesionales de la salud mental.

Con la víctima, el primer paso es establecer un ambiente seguro donde pueda compartir su experiencia sin temor a ser juzgada. Es fundamental hacerle saber que no es responsable y que pedir ayuda no implica debilidad. En terapia, se puede trabajar la ansiedad, la autoestima, las habilidades sociales y las ideas negativas que han surgido debido al acoso.

Las técnicas cognitivo-conductuales pueden asistir al niño a reconocer pensamientos como “nadie me ayudará” o “todo el mundo me odia”, compararlos con la realidad y desarrollar respuestas más positivas. También podemos enseñar estrategias para regular las emociones, técnicas de respiración, resolución de problemas y búsqueda de apoyo. Esto no reemplaza la responsabilidad del colegio de frenar el acoso.

Con el niño agresor, es necesario explorar por qué se comporta así. Puede estar buscando popularidad, control, diversión o tratando de manejar su propia inseguridad. La intervención puede incluir formación en empatía, control de impulsos, manejo de la ira, asumir responsabilidad por el daño causado y aprender opciones no violentas. Las consecuencias deben ser claras, educativas y justas, evitando humillaciones que solo imiten el mismo patrón de violencia.

No sugiero que se haga que la víctima se enfrente directamente al agresor ni que se lleve a cabo una mediación como si hubiera un conflicto justo. Cuando hay intimidación y diferencia de poder, una reunión forzada puede incrementar el temor y la sensación de impotencia.

En el entorno escolar, es muy importante documentar los incidentes, aumentar la vigilancia, crear canales de comunicación confidenciales y seguir protocolos establecidos. Los programas más eficaces involucran a toda la institución educativa y promueven habilidades emocionales, convivencia, respeto y la participación activa de quienes son testigos. La prevención es más efectiva cuando toda la comunidad educativa tiene normas coherentes frente a la violencia.

Desde mi perspectiva como psicóloga, creo que el mensaje clave debe ser claro: el acoso escolar no es una fase inevitable ni una experiencia que haga más fuerte el carácter. Es una forma de violencia que se puede prevenir y tratar. Escuchar al niño, darle credibilidad, actuar de manera coordinada y ofrecer apoyo psicológico de manera temprana puede cambiar por completo el desarrollo del problema.

Referencias

Organización Mundial de la Salud. (2026). Violencia contra los niños.

Organización Mundial de la Salud. (2025). La salud mental de los adolescentes.

StopBullying.gov. (2026). Apoyar a los niños involucrados. Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU.

StopBullying.gov. (2024). ¿Qué es el acoso escolar? Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU.

StopBullying.gov. (s. f.). Consecuencias del acoso escolar. Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU.

UNICEF. (s. f.). Acoso escolar: qué es y cómo detenerlo.

UNICEF. (s. f.). Cómo discutir el acoso escolar con la escuela de su hijo.

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