Disonancia cognitiva: qué es, por qué surge y cómo la abordamos en terapia

Disonancia cognitiva: qué es, por qué surge y cómo la abordamos en terapia

En las sesiones, escucho a menudo comentarios como: «Sé que esta relación me perjudica, pero no puedo dejarla», «Quiero cuidar de mi salud, pese a que sigo con hábitos dañinos» o «Siempre he defendido una posición, pero ahora los hechos me hacen dudar». Detrás de estas incoherencias se halla un fenómeno psicológico común: la disonancia cognitiva.

La disonancia cognitiva no es un trastorno mental ni un diagnóstico clínico. Es una situación de tensión psicológica que se presenta cuando sostengo al mismo tiempo pensamientos, creencias, valores o comportamientos que son incompatibles entre sí. Esta contradicción suele generar incomodidad, culpabilidad, ansiedad, irritabilidad o confusión, lo que me lleva a intentar recuperar un sentimiento de coherencia.

Este concepto fue introducido por el psicólogo social Leon Festinger en 1957. Desde entonces, se ha investigado ampliamente y sigue siendo una de las teorías más relevantes de la psicología social. La investigación actual considera la disonancia como una experiencia emocional desagradable que activa diferentes estrategias para disminuir el conflicto interno y restaurar el equilibrio psicológico.

¿Cómo se presenta la disonancia cognitiva?

Puedo sentir disonancia cognitiva en muchas áreas de mi vida. Por ejemplo, puede aparecer cuando valoro la honestidad, pero oculto datos importantes; cuando busco estabilidad, pero estoy en una relación inestable; o cuando me veo como una persona responsable, aunque siempre pospongo mis responsabilidades.

También puede surgir después de tomar una decisión complicada. Al elegir una opción, inevitablemente dejo de lado otras. Si más tarde me doy cuenta de las ventajas de lo que descarté o de los inconvenientes de lo que elegí, puedo empezar a cuestionar mi decisión. Para aliviar esa incomodidad, tal vez enfatice los aspectos positivos de mi elección y resté importancia a sus efectos negativos.

La disonancia aparece también cuando recibo información que desafía una creencia muy arraigada. En ese instante, puedo sentirme amenazado, no solo porque se cuestiona una idea, sino porque esa idea puede estar conectada con mi identidad, mi autoestima o mi visión del mundo.

Algunas señales comunes son:

-Dar muchas justificaciones para respaldar una conducta.
-Evitar conversaciones, personas o datos que puedan hacerme dudar.
-Minimizar las consecuencias negativas de mis acciones.
-Sentir culpa o malestar tras actuar en contra de mis valores.
-Cambiar de opinión solo para justificar una decisión ya tomada.
-Buscar información que respalde lo que pienso y desestimar la evidencia opuesta.

Estas reacciones no implican necesariamente que esté mintiendo deliberadamente. A menudo, son mecanismos psicológicos, en parte automáticos, que empleo para resguardar mi autoestima y disminuir la incomodidad emocional.

Causas principales de la disonancia cognitiva

Una de las causas más comunes es la incompatibilidad entre mis valores y mis acciones. Si creo que la salud es fundamental, pero fumo, ingiero alcohol en exceso o llevo una vida muy sedentaria, existe una discrepancia entre lo que pienso y lo que hago. Los estudios realizados con fumadores muestran que algunos disminuyen esta contradicción modificando sus creencias acerca de los riesgos del tabaco, en lugar de dejar de fumar de inmediato.
Otra razón común es el deseo de preservar una buena imagen de mí mismo. Me cuesta admitir que he cometido un error, que he tratado mal a alguien o que he dedicado tiempo a una decisión errónea. Para no sentir vergüenza, culpa o fracaso, puedo justificar mis acciones, culpar a otros o reinterpretar lo que ha pasado.

La presión social también juega un papel importante. Puedo actuar de cierta manera para ser aceptado por mi familia, mi pareja, mis amigos o el entorno laboral, incluso si eso va en contra de mis verdaderas preferencias. Cuanto más valoro pertenecer a un grupo, más complicado me resulta reconocer el conflicto.

La disonancia puede volverse más intensa cuando siento que he actuado por mi propia voluntad y no hay una justificación externa válida. Cuando no he sido obligado a tomar una decisión, es más difícil achacar lo que ocurrió a las circunstancias. Por eso, puede surgir una mayor necesidad de defender lo que elegí.

¿Cómo busco reducirla?

Cuando enfrento disonancia, tengo la opción de cambiar mi conducta para alinearla con mis principios. Por ejemplo, puedo darme cuenta de que un hábito es dañino para mi salud y empezar a modificarlo. Este suele ser el enfoque más saludable, aunque no siempre es el más sencillo.

También puedo ajustar mis pensamientos: «En realidad, no es tan malo» o «Todo el mundo lo hace». Otra opción sería agregar justificaciones: «No puedo renunciar a este trabajo porque no es el momento adecuado» o «Sigo en esta relación porque ya he dedicado demasiado tiempo».

Asimismo, puedo evitar información que pueda aumentar el conflicto y solo buscar argumentos que favorezcan mi perspectiva. El problema es que este intento de reducir la incomodidad puede perpetuar decisiones dañinas, relaciones insatisfactorias o hábitos perjudiciales.

La evidencia sugiere que la manera en que manejo la disonancia está profundamente conectada con cómo regulo mis emociones. Es decir, no solo intento resolver una contradicción lógica, sino también disminuir las emociones negativas que la acompañan.

¿Cómo abordo la disonancia cognitiva en terapia?

No hay un «tratamiento para la disonancia cognitiva» como si fuera una enfermedad. En terapia, trabajo sobre las causas del conflicto, las emociones asociadas y cómo estas están afectando la vida de la persona.

Primero, ayudo a identificar claramente los elementos en conflicto. Investigo qué pienso, cómo me siento, cómo me comporto y qué valores son significativos para mí. Articular el conflicto ayuda a entender por qué una situación provoca tanto malestar.

Desde la terapia cognitivo-conductual, puedo abordar los pensamientos automáticos, las justificaciones y las interpretaciones rígidas. No se trata de forzar un cambio de opinión, sino de aprender a revisar la evidencia, identificar sesgos y desarrollar una perspectiva más equilibrada. Algunos expertos han sugerido que inducir y luego reducir inconsistencias puede ser parte de los procesos de cambio en diversas intervenciones psicológicas.

También puedo aplicar técnicas para clarificar mis valores. Estas me permiten distinguir entre lo que realmente considero importante y lo que hago por miedo, costumbre, presión social o necesidad de aprobación.

Una vez que reconozco cuáles son mis valores, puedo realizar pequeños ajustes en mi conducta para que mi vida diaria se alinee más con ellos.

La entrevista motivacional es muy útil cuando una parte de mí desea realizar un cambio, mientras que otra parte se opone. En vez de confrontarme o imponerme lo que debería hacer, el terapeuta me guía para examinar mis propias razones, mi ambivalencia y mi confianza para avanzar. Varios estudios han vinculado este método con mejoras en la motivación, la autoeficacia y ciertos comportamientos de salud.

Las intervenciones basadas en la disonancia han mostrado resultados positivos en algunas áreas, especialmente en la prevención de trastornos de la alimentación y en la modificación de ciertos comportamientos relacionados con la salud. Sin embargo, los resultados varían según la intervención y el grupo de personas a las que se aplica, por lo que es fundamental implementarlas de manera cuidadosa y adaptada a cada situación.

Transformar la contradicción en una oportunidad de cambio

Experimentar disonancia cognitiva no indica que sea débil, inconsistente o incapaz de tomar decisiones adecuadas. Las contradicciones son parte de lo que vivimos como seres humanos. Mis necesidades, valores y situaciones pueden cambiar, y no siempre resulta fácil integrar esos cambios.

El objetivo de la terapia no es erradicar cualquier contradicción, sino aprender a observarla sin juzgarme, entender qué protección intenta ofrecer y tomar decisiones más conscientes. Cuando dejo de justificar de inmediato lo que me hace daño y puedo analizar el conflicto con honestidad y compasión hacia mí mismo, la disonancia se convierte en una fuente útil de información.

En el centro de psicología Ipsia Psicología puedo encontrar un entorno profesional y seguro para explorar estas contradicciones. Gracias a la terapia, puedo entender mejor mis patrones de pensamiento, conectar con mis valores y avanzar hacia una vida más coherente con lo que realmente necesito y lo que valoro.

Referencias científicas

Draycott, S., y Dabbs, A. (1998). La disonancia cognitiva: un resumen de la literatura y su integración en la teoría y práctica en psicología clínica. British Journal of Clinical Psychology, 37(3), 341-353.

Festinger, L. (1957). Una teoría de la disonancia cognitiva. Stanford University Press.

Freijy, T., y Kothe, E. J. (2013). Intervenciones basadas en la disonancia para el cambio de comportamiento de salud: una revisión sistemática. British Journal of Health Psychology, 18(2), 310-337.

Stice, E., Marti, C. N., Shaw, H., y Rohde, P. (2019). Revisión meta-analítica de programas de prevención de trastornos alimentarios basados en disonancia. Prevention Science, 20, 1148-1161.

Tryon, W. W., y Misurell, J. R. (2008). Inducción y reducción de disonancia: un posible principio y mecanismo conexionista sobre por qué las terapias son efectivas. Clinical Psychology Review, 28(8), 1297-1309.

Vaidis, D. C., y colaboradores (2019). La teoría de la disonancia cognitiva requiere una clarificación conceptual y herramientas operativas. Frontiers in Psychology, 10, 1189.