La ingesta masiva de pastillas: cuando el sufrimiento busca una salida

La ingesta masiva de pastillas: cuando el sufrimiento busca una salida

Cuando oigo sobre una sobredosis de medicamentos, procuro no limitar el evento a expresiones como «deseaba llamar la atención» o «no entendía lo que hacía». Detrás de este comportamiento a menudo hay un profundo sufrimiento emocional, una crisis en la vida o una sensación de desánimo que la persona no ha logrado expresar o manejar adecuadamente. Puede ocurrir tanto en la adolescencia como en la adultez y siempre se debe ver como una situación seria que necesita atención médica urgente y una valoración psicológica especializada.

El uso excesivo de fármacos puede tener diferentes motivos. En algunas ocasiones hay un claro deseo de acabar con su vida; en otras, la persona intenta dejar de sentir, dormir, huir temporalmente de una situación intolerable o transmitir un dolor que no puede expresar verbalmente. También puede suceder de forma impulsiva, durante una pelea, una separación, una experiencia humillante o bajo la influencia del alcohol u otras sustancias. Que alguien comente después que «no quería morir» no implica que el suceso no sea grave.

La Organización Mundial de la Salud indica que muchas conductas suicidas se presentan en momentos críticos en los que se ve afectada la capacidad para enfrentar problemas como pérdidas, conflictos emocionales, soledad, violencia, problemas económicos, enfermedades o dolores crónicos. La depresión, los trastornos relacionados con el consumo de alcohol y los intentos previos son algunos de los factores de riesgo más relevantes.

La vulnerabilidad durante la adolescencia

Al reflexionar sobre la adolescencia, es clave recordar que no es solo una fase de rebeldía. Es un periodo en el que se forma la identidad, los cambios físicos son evidentes, hay una búsqueda de pertenencia y una alta sensibilidad al rechazo. El cerebro de los adolescentes aún está desarrollando habilidades relacionadas con la regulación de las emociones, la planificación y el control de impulsos.

Un conflicto que desde la visión adulta parece ser temporal puede sentirse como algo definitivo. El acoso escolar, el ciberacoso, el aislamiento, los problemas familiares, el abuso, la presión académica, las rupturas amorosas o la sensación de no encajar pueden provocar un dolor inmenso. Un estudio que recopiló 61 revisiones sistemáticas destacó, entre las causas de autolesiones en jóvenes, la depresión, la ansiedad, los trastornos conductuales, los abusos en la infancia, el trauma, el acoso, el consumo de sustancias, los problemas familiares y la carencia de amistades significativas.

La salud mental en la adolescencia representa también un grave problema de salud pública. De acuerdo con la OMS, aproximadamente uno de cada siete jóvenes entre 10 y 19 años sufre algún trastorno mental. La depresión, la ansiedad y los trastornos de conducta son las principales causas de enfermedad y de discapacidad durante esta etapa.
Como adulto, es fundamental no interpretar las señales de desesperación como manipulación. Expresiones como «no puedo más», «sería mejor que no estuviera» o «desearía desaparecer» requieren una respuesta calmada y directa. Indagar sobre pensamientos suicidas no sugiere la idea al adolescente. Por el contrario, puede abrir una conversación sobre algo que ya estaba ocurriendo en silencio.

La ingestión de pastillas en los adultos

En la adultez, las razones pueden estar relacionadas con depresiones sin tratamiento, trastornos de personalidad, experiencias traumáticas, consumo de drogas, violencia en la pareja, desempleo, problemas económicos, enfermedades físicas, duelo o aislamiento social. A veces, la crisis surge después de años de sufrimiento acumulado. Otras veces, se desencadena tras un evento específico que la persona considera como la pérdida definitiva de su estabilidad o de su proyecto de vida.

También debo estar atento al dolor crónico, la pérdida de autonomía y la soledad. Una persona puede parecer que maneja sus responsabilidades, mientras que por dentro se siente emocionalmente cansada. Por eso, no siempre hay signos evidentes. Algunos adultos siguen trabajando, cuidando a sus hijos o relacionándose con normalidad mientras esconden pensamientos sobre la muerte.

Haber tomado pastillas previamente incrementa el riesgo de que vuelva a suceder. Por esta razón, el alta del hospital no debería ser el final del tratamiento. El tiempo posterior a una crisis requiere seguimiento, coordinación entre especialistas y la participación de la familia cuando sea posible.

Entender no significa restar importancia

Para mí, entender las causas no es lo mismo que justificar la conducta o hacerla parecer menos grave. Implica reconocer que una ingesta masiva suele tener una función psicológica: escapar del dolor, detener pensamientos difíciles, buscar ayuda, castigar a alguien o autolesionarse. La terapia debe identificar esa función para ofrecer alternativas más seguras.

Después de una intoxicación, la prioridad es la atención médica. No se debe esperar a ver si aparecen síntomas ni dejar sola a la persona. También es incorrecto inducir el vómito o usar remedios caseros sin orientación médica. En España, si hay una ingesta excesiva de medicamentos, es necesario llamar al 112 o acudir de inmediato a urgencias. El 112 es el número gratuito para acceder a los servicios de emergencia en todo el país.

Una vez que se estabilice el estado físico, pienso que es importante hacer una evaluación psicológica que examine la intención, la planificación, los antecedentes, el acceso a medicamentos, el consumo de sustancias, los apoyos disponibles y las circunstancias que llevaron a la crisis. No es suficiente con preguntar: «¿Lo harás de nuevo?». Una promesa verbal aislada no reemplaza una intervención clínica.

Prevención y soluciones

Una de las primeras acciones es reducir temporalmente el acceso a grandes cantidades de medicamentos. Esto puede significar que una persona de confianza supervise la medicación, conservar solo la cantidad necesaria, eliminar fármacos que no se utilizan y revisar las recetas con los profesionales de la salud. No se trata de castigar ni de controlar de manera constante, sino de crear una separación entre un impulso momentáneo y un medio potencialmente peligroso.
La investigación científica sugiere que restringir el acceso a métodos muy letales es una táctica efectiva para prevenir. Un análisis general publicado en 2025 determinó que la mayor parte de los estudios revisados reportaron resultados positivos para las medidas de limitación de acceso. Una revisión adicional enfocada en sustancias peligrosas notó una disminución de los suicidios relacionados con el método limitado sin un cambio significativo hacia otros métodos.

Otra herramienta es el programa de seguridad, que debe ser creado de forma personalizada. En este documento, identifico junto a la persona sus señales de alerta, métodos internos para afrontar la crisis, lugares seguros, contactos, especialistas recomendados y acciones para limitar el acceso a elementos peligrosos. En adultos, las investigaciones apoyan especialmente los planes de seguridad que incluyen un seguimiento. Un estudio realizado en servicios de emergencia encontró que el uso de un plan de seguridad y seguimientos posteriores se relacionó con una reducción del 45 por ciento en conductas suicidas en los seis meses siguientes, en comparación con la atención normal.

En el caso de adolescentes, el plan de seguridad también puede ser beneficioso, aunque no debe ser la única medida a tomar. Un análisis reciente reveló que todavía hay pruebas limitadas sobre su efectividad como tratamiento independiente en menores. Por eso, debe ser parte de un enfoque más integral que incluya evaluación clínica, participación familiar, seguimiento profesional y tratamiento de los trastornos psicológicos subyacentes.

La psicoterapia puede ser útil para mejorar la gestión emocional, cuestionar la desesperanza, desarrollar habilidades para resolver problemas y aprender a pedir ayuda antes de llegar al límite. El tratamiento debe ser ajustado a cada situación y abordar temas como la depresión, la ansiedad, el trauma, el abuso de sustancias, los conflictos familiares o cualquier otro aspecto relevante. En ciertos casos, también será necesaria una evaluación psiquiátrica y un tratamiento farmacológico supervisado cuidadosamente.

Acompañar sin juzgar

Cuando apoyo a alguien que ha vivenciado una crisis de este tipo, intento escuchar sin hacer preguntas incómodas, sin señalar culpables ni exagerar. Evito expresiones como «lo tienes todo», «piensa en tu familia» o «prométeme que nunca volverás a hacerlo». Prefiero comentar: «Veo que estabas sufriendo mucho», «no tienes que enfrentar esto solo» o «busquemos ayuda y mantengámonos a salvo».

La recuperación no solo implica evitar una nueva crisis. Se trata de ayudar a la persona a construir una vida donde el dolor pueda ser expresado, compartido y tratado. Hablar del suicidio de manera responsable no lo incita: rompe el aislamiento, facilita la detección y permite la intervención. Tanto en adolescentes como en adultos, una conducta así no debería verse como el final de una historia, sino como una señal urgente de que algo necesita cambiar y de que hay tratamientos, recursos y personas dispuestas a ayudar.

Acude a tu centro de psicología de confianza.