Pérdida de memoria en personas mayores: ¿en qué momento debemos preocuparnos y qué tratamientos son efectivos?

Pérdida de memoria en personas mayores: ¿en qué momento debemos preocuparnos y qué tratamientos son efectivos?

Olvidar dónde hemos dejado las llaves, no recordar el nombre de alguien o entrar en una habitación sin saber qué buscamos son situaciones comunes. No obstante, cuando esos olvidos ocurren a medida que envejecemos, a menudo surge la inquietud: ¿estoy perdiendo la memoria? ¿Significa esto que puedo tener Alzheimer?

Desde mi perspectiva como psicólogo, es esencial aclarar un concepto: no todos los lapsos de memoria son indicativos de una enfermedad y el envejecimiento no implica necesariamente el desarrollo de demencia. Hay distinciones entre los ajustes cognitivos naturales de la edad, las dificultades relacionadas con aspectos psicológicos y la disminución cognitiva que requiere intervención profesional.

Distinguir estas diferencias es crucial para identificar cuándo es necesario buscar ayuda y qué acciones podemos tomar para preservar nuestras habilidades cognitivas.

¿Por qué se deteriora la memoria al envejecer?

La memoria no actúa como una grabadora que guarda automáticamente todo lo que vivimos. Para recordar algo, primero debemos prestar atención, procesar la información, archivarla y luego recuperarla más tarde.

Con el paso del tiempo, pueden ocurrir cambios en algunos de estos procesos. Por ejemplo, es posible que necesitemos más tiempo para aprender algo nuevo o para recordar ciertos nombres.

Sin embargo, tener problemas para acceder a un recuerdo no implica necesariamente que lo hayamos perdido.

Una persona puede no recordar de inmediato el nombre de un antiguo colega y recuperarlo más tarde. Este fenómeno es distinto de olvidar repetidamente conversaciones recientes o de no reconocer lugares familiares.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento señala que los olvidos menores pueden ser parte del envejecimiento natural, mientras que las dificultades que afectan nuestra vida diaria necesitan ser evaluadas.

¿Cómo diferenciar los olvidos normales del deterioro cognitivo?

Cuando alguien me consulta si tiene que preocuparse por sus olvidos, considero fundamental conocer la frecuencia, la evolución y el impacto en su vida diaria.

Entre los cambios que pueden darse en un envejecimiento normal encontramos:

-Olvidar de manera ocasional nombres o palabras y recordarlos después.

-Requerir más tiempo para aprender a manejar un dispositivo.

-Perder objetos en raras ocasiones.

-Tener problemas para recordar algo cuando estamos distraídos.

Por otro lado, hay señales que justifican una evaluación profesional:

-Repetir constantemente las mismas preguntas sin recordar las respuestas.

-Olvidar conversaciones o eventos recientes de forma persistente.

-Desorientarse en lugares familiares.

-Tener nuevas dificultades para gestionar dinero o medicamentos.

-Experimentar cambios progresivos en el lenguaje, el razonamiento o la independencia.

Estas manifestaciones por sí solas no permiten diagnosticar una demencia, pero sí indican que es necesario investigar sus causas.

Ansiedad, depresión e insomnio: cuando el problema no se limita a la memoria

Un punto que considero muy importante es que muchas personas ven cualquier dificultad para recordar como una pérdida de capacidad mental.

Sin embargo, la atención, el descanso y el estado emocional tienen un impacto directo en nuestra capacidad de recordar.

Cuando estamos ansiosos, nuestra atención puede enfocarse en pensamientos amenazadores o repetitivos. Esto limita los recursos que tenemos disponibles para procesar nueva información.
Por ejemplo, si durante una charla estamos pensando en nuestros problemas todo el tiempo, puede ser que luego no recordemos ciertos detalles. No porque nuestra memoria esté mal, sino porque no enfocamos bien nuestra atención desde el principio.

La depresión puede venir acompañada de lentitud en el pensamiento, problemas para concentrarse y quejas relacionadas con la memoria. De igual forma, los trastornos del sueño pueden influir en el aprendizaje y el desempeño cognitivo.

Por ello, antes de atribuir los olvidos solo al envejecimiento, creo que es crucial investigar posibles factores médicos, psicológicos y efectos de medicamentos.

¿Qué es el deterioro cognitivo leve?

El deterioro cognitivo leve se refiere a una condición donde una persona experimenta dificultades mentales que son mayores a las que se esperaría según su edad, pero mantiene mucha de su independencia.

Puede repercutir en la memoria, la atención, el lenguaje y las funciones ejecutivas.

Es clave resaltar que el deterioro cognitivo leve no es lo mismo que demencia. Algunas personas pueden mantenerse en un estado estable por años, y otras pueden ver mejoras, sobre todo si hay factores que se pueden tratar y que afectan sus dificultades.

En otras ocasiones, puede avanzar hacia una enfermedad neurodegenerativa.

Por esto, el seguimiento clínico y la evaluación neuropsicológica son realmente importantes.

¿Qué tratamientos cuentan con evidencia científica para las dificultades de memoria?

La investigación ha analizado diversas intervenciones para preservar las habilidades cognitivas y aumentar la autonomía.

-Entrenamiento y rehabilitación cognitiva

El entrenamiento cognitivo implica actividades diseñadas para mejorar habilidades como la memoria, la atención y el razonamiento.

Puede incluir ejercicios de aprendizaje, recordar información, organizar datos o aplicar estrategias mnemotécnicas.

Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de 2026 proponen el entrenamiento cognitivo como una opción para personas mayores sin deterioro cognitivo y aquellas con deterioro cognitivo leve, aunque la evidencia no es muy sólida.

Por esta razón, no considero correcto asegurar que hacer ejercicios de memoria evitará que se desarrolle Alzheimer.

Además, distingo entre mejorar el rendimiento en una tarea específica y lograr que esa mejora se note en la vida diaria.

-Rehabilitación enfocada en la vida cotidiana

En muchas oportunidades, el objetivo principal no es memorizar más palabras durante una prueba, sino manejarse mejor en situaciones diarias.

Podemos desarrollar estrategias como organizar los medicamentos, usar recordatorios, establecer rutinas o aprender métodos para recordar información importante.

Una revisión Cochrane de 2023 descubrió que la rehabilitación cognitiva personalizada puede ayudar a alcanzar metas cotidianas en personas con demencia leve o moderada.

Esto es particularmente interesante porque pone la autonomía y la calidad de vida como objetivos del tratamiento.

-Ejercicio físico

La actividad física es una de las intervenciones más efectivas para mejorar la salud general y cognitiva.

Las recomendaciones de la OMS de 2026 respaldan el ejercicio físico para disminuir el riesgo de deterioro cognitivo, con un fuerte respaldo para adultos con cognición normal.

Caminar con regularidad, hacer ejercicios de fuerza y mantener una actividad adaptada a las capacidades individuales pueden ser parte de un programa preventivo.

-Intervenciones psicológicas
Cuando hay ansiedad, depresión, preocupaciones desmedidas por olvidos o problemas para descansar, es fundamental la intervención de un profesional de la psicología.

Desde un enfoque cognitivo-conductual, es posible trabajar en pensamientos catastróficos asociados con la memoria, disminuir la evitación, optimizar los hábitos de sueño y recuperar actividades valiosas.

La meta no es garantizar que la psicoterapia revierta una enfermedad neurodegenerativa, sino abordar aspectos que afectan la vida diaria y el bienestar emocional.

¿Es posible prevenir el deterioro cognitivo?

Un estudio significativo es el ensayo FINGER, que fue publicado por Ngandu y sus colegas en The Lancet en el año 2015.

En esta investigación participaron 1.260 personas mayores con factores de riesgo. Los científicos contrastaron recomendaciones generales de salud con un programa de dos años que incluía alimentación, ejercicio, entrenamiento cognitivo y manejo de factores cardiovasculares.

El grupo que recibió la intervención mostró una mejoría en las medidas de funcionamiento cognitivo, aunque la diferencia no fue muy grande.

Asimismo, la Comisión de The Lancet en 2024 identificó 14 factores de riesgo que pueden ser modificados y que están relacionados con la demencia, como la falta de actividad física, la hipertensión, la pérdida de audición, la depresión y el aislamiento social.

Estos hallazgos no indican que se pueda eliminar el riesgo por completo, pero sí sugieren que hay posibilidades de prevención.

¿Cuándo es recomendable hacerse una evaluación de memoria?

Sugiero solicitar una evaluación cuando los olvidos son constantes, van en aumento, causan una gran preocupación o empiezan a afectar la vida cotidiana.

Una evaluación neuropsicológica ayuda a analizar diferentes funciones cognitivas, interpretar los resultados considerando la edad y otras características de la persona, y orientar las decisiones clínicas posteriores.

También es esencial descartar posibles causas médicas que puedan ser tratables. Si la confusión surge repentinamente, se necesita realizar una evaluación médica inmediata. En IPSIA Psicología, promovemos una intervención personalizada, fundamentada en evaluaciones y evidencia científica disponible. El objetivo no es solo mejorar una puntuación en una prueba de memoria, sino mantener la autonomía el mayor tiempo posible, participar en actividades significativas y mejorar la calidad de vida.

Porque cuando discutimos la memoria, no solo nos referimos a recordar el pasado: también se trata de manejarse con seguridad y confianza en el presente.

Referencias científicas

National Institute on Aging. (2024). Memoria, olvido y envejecimiento. National Institutes of Health.

World Health Organization. (2026). Reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia: directrices de la OMS (2.ª ed.).

Ngandu, T., et al. (2015). Intervención multidimensional de dos años sobre dieta, ejercicio, entrenamiento cognitivo y monitoreo de riesgo vascular en comparación con control para prevenir el deterioro cognitivo en personas mayores en riesgo (FINGER): un ensayo controlado aleatorio. The Lancet, 385, 2255–2263. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(15)60461-5

Livingston, G., et al. (2024). Prevención, intervención y cuidado de la demencia: informe de 2024 de la Comisión permanente de The Lancet. The Lancet, 404, 572–628. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(24)01296-0

Kudlicka, A., et al. (2023). Rehabilitación cognitiva para personas con demencia leve a moderada. Cochrane Database of Systematic Reviews, CD013388. https://doi.org/10.1002/14651858.CD013388.pub2

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